viernes, 19 de noviembre de 2021

EL ABRAZO

 

Desde mi ventana, contemplo el mundo, desde mi silla, me muevo por mi casa, desde mi corazón sueño contigo, y desde mis ojos, veo tu rostro, desde mis manos, cojo la pluma, y con mi pluma te escribo un verso, en el que con cariño te digo, !que mi vida es una suma de recuerdos que se agolpa!.

Con un abrazo lo digo todo, con un beso te siento mas cercano, con tu sonrisa lo inundas todo, y yo me siento enamorado de la vida.,

La vida es un recuerdo, un presente y un proyecto de futuro,., la vida es lo que tu has sido, lo que eres y lo que puedes.

La vida es lo que otros en ti han visto,., pero nunca sea presa de tus actos, porque cada uno te contempla como quiere,., pero tú eres lo que eres, porque así Dios te ha recreado antes que nacieras.

Enamórate de esta vida, vive intensamente, el tiempo es pasajero, agoniza cada día., el futuro es incierto, enchúfate al presente, cada día empieza y termina una parte de tu vida, no la dejes, no la tires, no la desperdicies.

Piensa en grande, tienes por delante un proyecto de vida.

Si has llegado hasta aquí leyendo y no te has aburrido, si sientes que te puedo aportar algo, aunque solo sea un momento entretenido, aunque no te guste lo que digo, u opines de otra forma, tendrás siempre asegurado por mi parte( y espero que por la tuya)

Un abrazo

El abrazo

Un abrazo es una forma de compartir alegrías, así como también los momentos tristes que se nos presentan.

El abrazo es algo grandioso, es la manera perfecta para demostrar el amor que sentimos, cuando no conseguimos la palabra justa.

Es maravilloso ,porque tan solo un abrazo ,dado con mucho cariño, hace sentir bien a quien se lo damos, sin importar el lugar ni el idioma porque siempre es entendido.

Por estas razones y por muchas más… Hoy te envío mi más cálido abrazo.

Para que lo tengas presente, abrazo en la distancia ahora, abrazo recogido luego.

En definitiva, ahora o luego. Un Abrazo( el mejor abrazo)

También recuerdo el abrazo que me diste la primera vez que te bajaste del coche

¡Nunca se me olvidará, quedará grabado en mi retina,! Saliste disparada, diste la vuelta por detrás y hacia mí corriste, me abrazaste y levantaste la pierna derecha, de alegría!

Que bonito,

si no me das otro abrazo,

el que diste aquel día,

quedará grabado,

para siempre (en mi memoria)

y no se olvida.

Conmigo lo llevo

vida mía.

como un domingo cualquiera

 Como un domingo cualquiera, de Genaro Martín Arroyo


—¿Qué hago en este día? ¿Lo dedico para mí o mejor espero encontrar una “señal que me lleve adonde tú quieres”?

Espero pacientemente en la cama, después de todo ¡hoy es domingo!

Ayer terminé mi trabajo. Felizmente lo he dejado todo preparado y eso me

anima. Hace un día soleado, una buena temperatura y todo acompaña a salir a

pasear. Si antes caminaba, ahora paseo, y te preguntarás que cuál es la diferencia entre una cosa y la otra. La respuesta es simple: mientras paseo pienso, medito, tomó notas de las cosas y luego !zas!, muchas de ellas las verteré, primero, al papel blanco y luego, al ordenador, donde escribiré mis arrogantes anotaciones. Todo es un proceso al que hay que destinar su merecido tiempo. Después me sentaré, delante de la pantalla del ordenador, con un humeante café con una pasta, que en este tiempo me encanta. Es como el director de una película que previamente a ello toma planos, fotos. Imagino a los actores en sus escenarios: los terrenos, las casas, el paisaje, el glamur de la presentación en la Gran Vía, lleno de cámaras y fotos. El músico componiendo acordes, los bailarines ensayando y toda la orquesta preparada. Pienso en los guionistas retocando el libro del autor para que sean los diálogos perfectos, sin desatender el gusto y esmero que el escritor compuso. Y todos ellos aparecerán en los créditos al final de la película, cuando todo el mundo se levanta del asiento, te pisa y comenta qué le ha parecido la película, como si no fuera parte del filme.

—Oiga, que aún no ha terminado la película. Así que siéntese, por favor.

Y te van absorbiendo hasta que decides levantarte e instalarte en una pequeña esquina al lado de la papelera para las palomitas. Desayuné sin prisas, me fui con mi bloc de notas, mi bolígrafo, mi móvil para hacer fotos y la mochila que desde hace muchos años me acompaña .Tenía pensado pasear por la ruta del colesterol, llegar a la Virgen de Fátima, bordeando el río Genil, que siempre lleva agua de Sierra Nevada. En junio me digo siempre que la nieve acumulada durante el año se derretirá y bajará por el río Monachil hasta el Genil y, de allí, sabe Dios. Este año ha llovido poco y

se nota, pero a pesar de eso es un auténtico placer de los sentidos el sonido

cuando el agua choca en la presa que hay monte arriba, camino de Puente

Genil, donde los árboles se cruzan y forman inmensas hileras, que parecen entresacados del valle de Glencoe. El paisaje del Bosque de Dean ha aparecido en varias

escenas de las películas de la saga del joven mago. Mis fuerzas con la varita

mágica del pincel me animan a seguir la ruta, pero esto será objeto de otra

aventura, que sin duda un día contaré.

Antaño fue la bicicleta. Confieso que es más excitante, pues la adrenalina sube y baja, como la espuma del mar. Ahora, con esto de los móviles, cuentas los pasos y lo traduces en calorías, kilómetros y otras cosas. Mi meta es llegar a los diez mil pasos, como ahora dicen los cursis dicen. Luego, como los buenos ciclistas domingueros, haré un alto en el camino porque estos sitios se inundan de buenos y jugosos paisajes, donde la gula llega a juguetear con el más pintado aventurero de domingo.

Al final, después de mucho meditar,  me dije que hoy iba a hacer otra ruta. Hace tiempo que no paseo por Granada, así que empezaré en la calle Recogidas e iré por Plaza Nueva hacia la Acera del Darro, la calle más bella del cuento de Washington Irving, con la poesía y el aroma de la majestuosidad de la Alhambra, el mejor plató de cine que la mente humana pudiera recrear. El problema es que hoy es domingo y será difícil caminar con cierta tranquilidad como me había propuesto, pues te vas chocando con los que vienen a contemplar la belleza de la Alhambra.

Como de costumbre, me cargué de aire, que bajaba frío, y me propuse comenzar por la Abadía. Subo por el camino del Sacromonte entre cuevas y ventas, que

difícilmente, por más que me empeñase, mi vasta pluma podría relatar. Aquí hay

tanto arte, tanto gitano y tanta chumbera, que la guitarra llora cuando la tocan y

bailan, con esa voz quebrada, el llanto, la alegría y la dulzura. La belleza de la

Cueva se mezcla con el Carmen, y el aire que, como suspiro, viene algodonado

de la quebrada cuesta de la Alhambra, mora y cristiana, que de todo un poco

tiene.

Yo me limito a seguir mi camino. Y con fiel propósito de aprendiz de

brujo, anoto una chuleta, pues después de todo estamos aprendiendo lo que es el

oficio de escritor. Espero con paciencia que me den un aprobado. Mi primera meta ya está conseguida: el papel en blanco, escribir y, después de una meditada lectura, si se quiere se deja, y si no, pues a romper en la trituradora que tengo a mi lado. Dichosa trituradora, que convierte el papel en rollos finos. Al final todo acaba en una bolsa de basura. Porque como me dicen en este curso maravilloso, hay que enfrentarse a la primera tarea: escribir, escribir y escribir. Hay que dedicarle tiempo, pero ¡ya saldrá algo! Y si no, qué más da. Después de todo, no creo que haya ningún impaciente que lea lo que escribo y si lo hubiera, ¡bienvenido!

Sigo por el Camino del Sacromonte, entre cuevas y ventas, como

esta, que no es ni Cueva ni Venta, donde un letrero pone “Casa Juanillo”. Qué buena pinta tiene. Hace esquina y tiene una vista maravillosa, el lugar ideal para sentarse y hacer un alto en el camino para degustar una cervecita fresquita y alguna que otra tapa, que en Granada es arte. Con el estómago contengo, el bolígrafo irá más rápido y la letra será más agradecida. Desde aquí, una mirada perdida a la Venta del Gallo, un lugar flamenco que aconsejo. Sigo mi caminar sereno pues voy en busca de aventuras. El tiempo es bueno y no hay prisa. Es domingo y nadie, por suerte o por desgracia, me espera.

Hoy el día lo dedico, como un homenaje, a escribir, sentir, pensar, amar,

contemplar. Hay demasiada gente, sé que soy repetitivo, pero es así. Algún día vendré por aquí solo y haré el recorrido despacio para sentir la diferencia entre sentirse solo caminando y acompañándose solo por la gente. Ahora a lo mío, a escribir.

Por allí veo otro nombre que me llega al alma, Casa del Puchero, donde decido hacer otra parada para recrear la vista y beber algo, aunque poco porque no es cuestión de llegar beodo a mi destino.

Subo la inclinada cuesta. Al fondo, un letrero dice que se sube a la Abadía del

Sacromonte. Desde aquí hay una bifurcación. A la izquierda hay un camino y a la

derecha, una carretera. Por la izquierda, poca gente; por la derecha, coches,

autobuses, turistas. Me decido por la izquierda, que me parece más acogedora y tranquila. Hay más árboles, aunque reconozco que el camino es más

dificultoso, pero bueno que más da, para eso estamos los valientes que decidimos vivir aventuras en nuestro día a día.

Vuelvo a hacer un alto, una parada obligada en un banco rodeado de árboles, donde saco mi arsenal. Saco mi papel, mi libreta y mi bolígrafo, y sentado sin prisas comienzo a escribir todo lo que hasta ahora he hecho. Pasa un grupo de personas y una de ellas me dice con amabilidad:

—Qué buen banco has encontrado, amigo.

—Aquí se está muy tranquilo.

Tomo mis anotaciones sobre lo sucedido y relleno mi primer folio. Ahora me viene a la imaginación que en este mismo lugar, paseando contigo, estuvimos un buen rato hablando y comiéndonos una bolsa de Risketos. ¿Te acuerdas? Todo este pasaje del camino está rodeado de grandes chumberas, el árbol más conocido del Sacromonte. 

Vuelvo al camino y sigo subiendo hasta llegar a las dos grandes cruces que hay al final del sendero. Una Cruz a la izquierda y otra Cruz a la derecha. Y al fondo, Valparaíso, lleno de cuevas y montes bajos. En esta época del año no hace mucho frío y está habitable. Aprovecho la vista y me siento en un gran bordillo que cobija el camino. Desde aquí observo un amplio desfiladero que no acaba nunca. Más al fondo, Sierra Nevada. Otro día, si mis fuerzas aguantan, cogeré un autobús y subiré hasta allí. Entonces suenan las campanas, toc, toc, toc, toc, toc, toc, de una abadía cercana. ¡Claro, van a dar las doce y es la hora del Ángelus. Empiezo a rezar el Ave María.

Sigo mi paseo. A la derecha tengo una gran cuesta con escalones empinados. Y arriba, la Cruz de María Inmaculada, que preside la zona conocida como las Santas Cuevas. Algún día, en otra ruta, tocará entrar en todos los lugares para describirlos y comentarlos. Hoy no. Sigo subiendo hasta llegar a la gran explanada, donde se puede contemplar la enorme belleza de la Abadía, por lo que me paro nuevamente para contemplarla. Decido que, por ahora, la primera ruta termina aquí.

Ahora toca bajar el mismo recorrido por las mismas cuestas, cuevas, casas y gentes. Me siento feliz porque he conseguido mi propósito: pasear tranquilo hasta la Abadía del Sacromonte. Pienso en este lugar en las cosas que tengo que hacer: llamar a Madrid, hablar con mi hermano, con mi madre, y contarles lo que haré en los próximos días. A quien sí llamé es a mi hija. Me contó que una ardilla estaba subiendo por un árbol porque la perseguía un pájaro.

—No me lo puedo creer.

—Es cierto, papá.

Y para demostrármelo, me mandó un vídeo por el móvil. Hablamos de muchas cosas mientras regresaba a mi casa.

Definitivamente ha sido un buen día. Escriba o no, en mi regazo quedará, y la indecisión, al final, habrá merecido la pena. Por el camino del Albaicín, quiero parar a tomar unos caracoles en el bar Aliatar.

Como un día cualquiera.

laesteladelanoche

EL ABRAZO

  Desde mi ventana, contemplo el mundo, desde mi silla, me muevo por mi casa, desde mi corazón sueño contigo, y desde mis ojos, veo tu rostr...