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laesteladelanoche

El niño gigante

Érase una vez, un niño gigante, al que le gustaban mucho las chuches. De pequeño, cuando la estatura no alcanzaba a la mesa del salón se tenía que subir a un pequeño taburete, que tenía su madre en la cocina, y se las ingeniaba muy bien, para poder coger todo lo que la madre preparaba y dejaba encima de la mesa. Que bien se decía, puedo coger lo que me guste aunque no llegue a la mesa. La madre se hacía la olvidadiza, y siempre ponía algo que sabía le gustaba a su hijo, con la precaución de que no le hiciera daño, y sobre todo que no se engolosinara mucho con las chuches para que pudiera comer bien. El niño tenía ese defecto, que le gustaba mucho el picoteillo, antes de comer, y se le llenaba pronto su pequeño estómago, y entonces la comida no se la tomaba entera., esto era fuente a menudo de discusión cuando se ponían a comer en la mesa. El padre cuando llegaba a casa después de trabajar, se sentaba en la mesa, y su hermano algo mayor que él se enfadaba, pues decían que no tenía que

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