miércoles, 20 de octubre de 2021

Mujer.

 Ana, era un ángel. Caminó por la vida siempre en solitario, aunque se dejaba ver, tenía ese aire de misterio que envolvía a determinadas personas. La pronunciada escoliosis, que sufrió de pequeña, le dejo marcada un sello personal. Su voz era aterciopelada, sus pequeñas pero fuertes manos, su pelo castaño. Su mirada profunda, ¿dónde se perdía? Era como una pequeña ardilla, resbaladiza, juguetona, inquieta. Aunque nunca pude comprenderla, a pesar del tiempo vivido. Era como un libro vacío, que nunca quiso abrirse más allá del prólogo y de las primeras páginas.

Un día me, acerque a la Residencia, poco antes de la Pandemia, la vi sentada en la silla, me acerque confuso, no sabía qué decirle.

-¿Eres tu Genaro?,- me preguntó dulcemente, casi con aire apagado, como la sonrisa de su cara, que seguía conservando, y que me hizo enamorarme locamente de ella.

-Si Ana, ¿cómo estás hoy?

-Mejor, poco a poco. El tiempo pasa despacio., aquí todo se hace tristemente aburrido y monótono.  Necesito tanto el aire fresco de la mañana, el aliento de la vida.

-Debes parar, Ana, lo necesitas.

-Si algún día, algún día..., ya queda menos.

-(¿Por qué diría aquello?, ¿que quería decirme?)

"Hasta las piedras se resquebrajan, me dijo un día su padre"

 Me vino a la memoria, aquella frase: cuando la vi, por última vez

Hasta las piedras se desquebrajan me repetía en mi interior

-Necesitas descansar. Ana

- Tendré tiempo: la vida empieza ahora, esto es solo una parada, un éxtasis.

-Hace frío hoy, quieres darte un pequeño paseo, por el pasillo, te cogeré de la mano y nos pondremos al día.

-No puedo, mis piernas ya no son las de antes.

-Me tengo que marchar, me espera la cama. 

-Cuídate.

-Vendré  pronto, muy pronto

-Lo sé

El silencio de la residencia era agonizante.


laesteladelanoche

EL ABRAZO

  Desde mi ventana, contemplo el mundo, desde mi silla, me muevo por mi casa, desde mi corazón sueño contigo, y desde mis ojos, veo tu rostr...