lunes, 18 de octubre de 2021

Ninguno de los dos fue sincero.

 Ninguno de los dos fue sincero

Ninguno de los dos era sincero, pero lo fingimos y ambos sabíamos de antemano la situación. Pero las más de las veces, callábamos. Nos bastaba con mirarnos, y sabernos. Nada nos importaban los silencios. Estábamos juntos y era suficiente.

Cuándo ella se fue todavía lo vi más claro: aquellas sobremesas sin palabras, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida eran sencillamente la felicidad. Yo buscaba en la cabeza temas de conversación que pudieran interesarla, pero me sucedía lo mismo que ante el lienzo en blanco: no se me ocurría nada. A mayor empeño, mayor ofuscación. Se lo expliqué una mañana que, como de costumbre caminábamos cogidos de la mano: 

-¿Qué vamos a decirnos?

– Me siento feliz así, respondió ella.

CONTINUARÁ

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