No juzguéis y no seréis juzgados

Primer acto.

 Érase una vez un ratón que caminaba muy aturdido.
—! Vaya parece que mi amigo tiene la panza llena de tanto comer, mientras yo me encuentro aquí sin nada que meterme en mi barriga!. Mi triste destino de ratón.
 El otro ratón que parecía más feliz porque tenía más comida, se preguntaba.
—  aquel gato lo bien que vive, rodeado de otros gatos, en aquella casa!. ¿Qué tendrá aquel lugar donde tan a gusto conviven?.
 —Voy a mirar.
 Llegó al lugar donde se encontraban los gatos,(que según él )vivían tan felices para preguntarse la razón de tal felicidad. Al llegar al lugar, no podía pararse a preguntar a ninguno de los gatos., pensando que se lo podían zambullir de un gran bocado. Vio a lo lejos entrar y salir con una bandeja de comida y leche, a una ancianita que con cariño dejaba en el suelo la comida. El gato ya adivino el sentido de la felicidad gatuna. 
— les llevan la comida y no tienen que buscar presa por esos mundos!— Se dijo a si mismo. 
—! Que vida la mía, y pensar que yo estaba mejor que el otro ratón, porque tenía a mi alcance la comida, con lo que a mí me cuesta. A pesar de que no me falta, tengo que buscarla y no me la facilitan en una bandeja como a estos gatunos!.
 La viejecita, estaba muy contenta, porque se sentía acompañada de tan gatunos gatos., que le aportaban tranquilidad, y sobre todo la cuidaban mucho. (Pero claro todo no era tan bonito como lo cuento). Entre los gatos gatunos, no todo eran prendas, y alegrías, entre ellos existía una jerarquía gatuna, y se repartían entre ellos las golosinas más sabrosas que la abuelita dejaba en la bandeja.
—! Cielos, que pasa hoy con la golosina, parece que la abuela nos trae menos, y mucha leche y sobra que no queremos!. Tendremos que ponernos serios, y decirle al gatuno gato nuestro protector. Que no amigo, que ponga orden a la abuela y le diga algo. 
 Así fue, le dijo el que parecía más gatuno gato.
— Abuelita, ¿por qué cada vez nos traes menos sabrosas golosinas y más leche y sobras?. 
Los gatos se quejan de que no pueden seguir así y no podremos cuidarte, porque tendremos que marcharnos a otra casa donde nos den mejores alimentos. La pobre abuela se entristeció mucho, pensaba que los cuidaba bien, que tenían de todo lo que les podía ofrecer. Ella con su edad, no podía hacer más de lo que hacía, y no tenía más cosas que ofrecer que alguna ración de golosina al día, leche y sobras, para que todos comieran. Los gatos se reunieron y decidieron marcharse de la casa, así no podemos continuar.
—! Que pena, la pobre abuela se quedó sola!
 Entonces sucedió que el ratón que andaba por allí cercano, en vista de que los gatunos gatos se marcharon, pensó que era buena oportunidad entrar en la casa, y que la abuela se le acercara y le diera algo de leche y sobras. 
—Quizás alguna ración de queso entregue y así yo solo seré feliz.
  La abuela un día lo vio al ratón dar vueltas por las cercanías de la hierba cercana del jardín, y se acercó como tenía costumbre dejando la bandeja de comida, en el suelo con un trocito de queso.  El ratón cuando vio el plato, se lanzó a toda prisa y se zambulló de un bocado la bandeja, sin pensarlo dos veces.
—! Que bueno estaba, me he llenado yo solo de tanta comida, me quedaré por estos sitios y no le diré a nadie nada— será! Mi secreto pensó.
  Y así durante mucho tiempo permaneció el ratón en la casa, comiendo y comiendo la bandeja que la abuela le dejaba. Ella por otra parte se entretenía con la preparación de la bandeja, que le suponía no sentirse sola., pues tenía un trabajo que hacer. No era lo mismo que antes con los gatunos que jugaban con ella, y se entretenía mirándolos.
 Un día paseaba por las cercanías de la casa, el ratón (que en nuestro relato pusimos en primer lugar) y viendo la bandeja de leche y sobras que estaba cerca de un pequeño arbolito. Le llamó la atención.
— ¿Qué será lo que tenga? Con sus patas sigilosas dio un salto por la cancela y hasta el plato llegó.
— ¿Qué será parece leche?. De un trago tomó la leche y sobras y como no estaba acostumbrado, a comer desde hacía tiempo.,! Que hasta los pellejos del cuerpo le salían!., quedó tan placentero que un gran sueño le entró. Por allí pasó un gato de los que antes estaban en la casa de la abuela
 —¿qué será de la ancianita, seguirá dejando la bandeja se preguntó? Al ver el árbol y la bandeja, se acercó dando un salto por la vaya. Y al llegar con sorpresa vio el plato vacío y al ratón dormido. 
— ¿Qué hará aquí este tonto ratón?. 
Seguro se habrá comido mi comida y se habrá quedado plácidamente dormido. 
— ahora te vas a enterar de lo que es un bocado gatuno. De un bocado se zambulló al ratón, y le gustó tanto, que a pesar de sus tristes pellejos, 😥 estaba gustoso.
— voy a quedarme a dormir un rato!.
 La abuela , que andaba cerca vio al gato y no al ratón y se dijo.
—¿Qué será del ratón, otro que me ha abandonado?
 La bandeja como de costumbre, en el mismo lugar de siempre. Y el otro ratón que se fue, llegó al lugar y vio al gato tumbado junto a la bandeja.
— Voy a ver si tiene algo, para comer
La bandeja estaba vacía, y el gato al lado dormido. 
—Seguro se la habrá comido, y por eso se ha quedado dormido. Me pondré en la esquina, y esperaré a ver si se llevan la bandeja. En esto que paso la mañana, y llego la tarde. La abuela vino y se llevó la bandeja vacía, y al rato vino con otra bandeja, con comida, un poco de leche y una pequeña galleta. La dejó en el suelo, con la esperanza de que fuera zambullida por algún gato. El ratón que vio a la abuela dejar la bandeja en el suelo, se acercó corriendo cuando se fue. En estas cuando se acercó para comer, se despertó el gato, y vio también la bandeja y al ratón corriendo para zambullirse el gran menú que había.
—Una galleta, que maravilla, eso es para mí, y el ratón será mi postre!. Dio un gran salto y antes el ratón que estaba más cerca se comió la galleta., pero no le dio tiempo a correr, pues tan grato sabor tenia, que no se paró en pensar ,que andaba el gato por los alrededores.
— Quien juzgue a quien
Segundo acto.
El gato sorprendido porque la galleta había desaparecido por el bicho ratón, peludo y gordo, se enfureció y de un gran arañazo a la boca lo cogió y se lo zampullo de un bocado.
—!!! Eso para que no creas que eres más listo que yo!!!. 
 (De esta forma en nuestro pequeño relato, terminado en estas líneas). El gato zampudo con los ratones terminó. Los otros gatos, por los caminos fueron, porque no encontraron ninguna casa como la que estaban, pensaban y juzgaban que la abuela era una pena, que no les quería dar nada más que sobras. El gato zampudo, se quedó un tiempo por la casa, haciendo compañía a la abuela, que todos los días dejaba la bandeja en el suelo esperando que se lo comieran. Los vecinos se enfadaban con la abuela, decían:
—!! Esa pobre anda mal de la cabeza, mira que dejar diariamente una bandeja con leche, sobras!!. Y una 🍪. Hay juzgadores, juzgados, que tristes sois. La abuela no tenía otra compania que la de sus queridos animales,. Ella tranquila iba, no pensaba en nada que alimentar a quienes lo querían, después de todo
—¿a quién mal hacía? 
 Tercer acto. 
 El gato estuvo un tiempo por la casa, hasta que aburrido de la comida de siempre, se marchó un día, y ya nunca más volvió. Tampoco se sabe nada de la abuela. Probablemente, ahora al no andar fisgando ningún gato ni ratón, algún que otro pajarillo cobijado en el árbol, se acercaría a la bandeja, y gustosamente probaría la galleta,.!!! O quizás muchos pajarillos, vendrían a comer!!!. 
 No lo sabemos con certeza, pero algún día seguramente. 
¡La abuelita desde el cielo vería su jardín poblado de animalitos, comiendo en la bandeja.! Que les prepararía desde tan alto y bello lugar!. ☺ felizmente.
 Moraleja
 Nunca juzgues a nadie.
 Abuelita. Siempre quisiste lo mejor, por eso en tan alto y bello lugar tu rincón abuelita tendrás. 
   

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