sábado, 26 de junio de 2021

Memorias de un niño. De Granada a Madrid y viceversa

Erase un día muy soleado cuando iba como de costumbre y cuento tantas veces y ya he escrito ,paseando por la calle (y en esto que iba absorto )mirando a la lejanía .,y como casi siempre un poco despistado., esa nota es común en mi .Reconozco como defecto personal que soy un poco bastante despistado .,que no suelo muchas veces prestar atención a las cosas. Hace unos años me dijo una persona, cuyo nombre omito por ahora , (para mí una expresión que en aquel momento me hizo gracia ),y decía cuando alguien tiene cara de despiste tiene cara de “Genaro”. Bueno dicho esto ,es por ello por lo que muchas pareces como también se dice, que estas en babia, !porque no te enteras de las cosas!. Yo sinceramente pienso ,que en algunas ocasiones ,me ha venido bien esa estrategia de poner la cara de despiste y pareciendo que no me enteraba, -escuchaba más de lo que se pensaba-, pero en algunas otras ocasiones y -pienso ,es la más habitual me ha servido para ausentarme de las cosas ,de alguna persona incomoda. -No es tanto pasar de la gente no que se me entienda .,pero es, como poner una especie de distanciamiento orbital con la otra persona , –entiéndase con todos los respetos hacia el otro-, aunque también me ha servido para “no mandar al carajo “al otro verbalmente sino que con cortesía y callando ,me he evaporado de alguna gente-. y dicho todo esto, me viene a la memoria un reciente escrito, que hace unos días dejé de relatar y que ahora con esto que me ha dado de escribir cosas ,conforme escribo me viene a la memoria .,pero como iba diciendo ,me he acordado ,de que hace unos días empecé a escribir de un tema que me gusto un poco y era de “Cuando era pequeño e iba a Madrid con mi padre”,. Relataba la pasión que en aquel momento sentí por los trenes ,a mí siempre me ha gustado el mundo ferroviario, !es un poco mágico todo lo que lo envuelve!, sobre todo claro, las Estaciones de antes, las antiguas, las que yo conocí en aquellos lejanos tiempos. A mí me gustaba mucho, llegar a la estación y ver el aroma que se respiraba añejo, había prisa si ,porque siempre la ha habido, pero me da la impresión de que era una prisa distinta., quizás porque la mirada que tenía en aquel entonces ,era la de un niño de no más de 10 años de edad, algo bastante catetillo de provincia ,( que iba a la gran ciudad que por aquel entonces sobre todo era Madrid, (ahora también lo es, y seguimos siendo algo cafetillos aunque claro con esto de las autonomías y demás parece otra cosa)., pero yo en aquel entonces era un niño de apenas diez años, e iba viajando con mi padre., Cuando llegaba a la estación, para mi todo era mágico ,desde el primer momento que entraba y pisaba o pasaba por la puerta., no era muy bonita, estaba un poco desaliñada, pero no importaba., Entrabamos por la puerta y en apenas un pasillo a la izquierda, estaban los despachos de billetes, y a la derecha una cafetería donde nunca entrabamos, y un gran reloj en el centro de la puerta que marcaba la hora .,y luego un pequeño cartel indicando el tren que partía. Había pocos trenes a Madrid, Barcelona, y alguno que otro regional. Los trenes de Madrid se ponían al principio, en la fila uno o anden mejor dicho uno., estaba justo al entrar ,y ya desde la misma puerta de entrada en la estación se veía. Cuando cruzaba la puerta con mi padre, ya estaba preparado el tren, una fila muy larga ,desde el inicio se perdía al fondo., y entonces como casi siempre ,llegábamos con tiempo- costumbre esta que tenía mi padre y que ahora me la ha transmitido a mi -lo de procurar llegar con tiempo a las cosas., (es una buena costumbre creo), porque te quita tensión y te permite jugar con los pensamientos,., bueno al menos a mí me lo parece aunque en esto como en todo, habrá opiniones tan respetables sino más que la de un pequeño servidor., y con esto me vengo a ese tiempo, que era !tan bonito ver el tren parado haciendo ruido !.,las maquinas con el humo que salía disparado hacia los raíles, y esos vagones tan grandes. Una vez que llegábamos, y estábamos allí muchas veces., le pedía permiso a mi padre, para ir andando hasta el inicio del tren, “él me decía que tuviera cuidado”., pero tampoco me ponía muchas pegas, (pienso yo que eran otros tiempos y no había tanto misterio como ahora)., que da susto muchas cosas, pero a mí me gustaba ir al principio ,donde estaba la máquina que dirigía el tren. Esta era más bonita si cabe ,que el resto de los vagones .Era bien distinta más larga, más grande, con dos enormes ventanas en los laterales y sobre todo me gustaba mucho ,la enorme chimenea que tenía, y me llamaba mucho la atención ,los faros que tenía .,eran dos grandes faros que iluminaban fuertemente ,porque estaban encendidos y preparados para la partida., y allí en lo alto ya estaba preparado el maquinista, tocando todas las cosas ,comprobando que todo estaba correcto., y había grandes botones por todos los lados o al menos a mí me parecía porque tampoco es que viera mucho porque no era muy alto en esa edad, y no veía, aunque mi imaginación era un torbellino que me hacía ver muchas cosas -de las que parece solo la imaginación y la mirada de un niño adolescente solo puede ver-., y así con estas cosas, la gente iba entrando y ya se palpaba el bullicio, la mezcla del viajero y la persona que lo acompaña a despedirlo., (era algo que siempre me gustó mucho), esas eternas despedidas de antaño, parecía que uno se iba y no volvería nunca más y que aquí se acababa todo., eran sonrisas mezcladas con llantos de lagrima, y sobre todo me emocionaba mucho la despedida, de la persona querida a su amada compañera entre besos y caricias que, aunque en mi corta edad no distinguía de estas cosas ,sí que ahora pienso que era lo que ocurría. Mi padre ya me estaba diciendo “que me acercara que ya íbamos a subir al tren”., y yo obediente me acercaba a él. Entonces subíamos al vagón, (de segunda clase).Yo miraba muchas veces a los de primera, que siempre se ponían al principio de la vía y nosotros siempre al final del mismo, y me decía !como seria por dentro, algún día entrare y si puedo! comprare un billete, para ver cómo se va., también me fijaba en la gente ,y me decía !hay van las distinguidas personas que suben en primera clase!, (aunque tampoco era gran cosa)., y mi padre y yo, nos subíamos contentos., y eso era lo importante ,”a él le supondría un gran sacrificio” . Una vez dentro del tren ,siempre mirando a los lados para comprobar el asiento, y entonces una vez encontrado subir las maletas claro., mi padre a la parte superior, a él le costaba un poco porque era alto el tren (recuerdo ).,y no era muy alto, pero la cosa es ,-que siempre todo se colocaba en su sitio -.,y ya uno a sentarse, (por supuesto yo en ventanilla siempre, costumbre esta que sigo conservando)., y mi padre al lado mío., a mi como a casi todos los niños ,(pienso le gusta la ventanilla ) una vez que nos sentábamos ,pasaba el revisor para clicar los billetes., (revisor de los de antes).,, que ya no existe, con su gorra y su traje trajeado, un pequeño bigotillo y muy amable pasaba., normalmente el tren a tope de gente,., que ya sentada en su asiento y colocadas las cosas en sus sitios,_ empezaban el chismorreo -.,que no faltaba la conversación ,el saludo tan cortes y” vamos ya que salimos”., Al fondo el silbato pintando y la bandera roja de partida del tren ,hasta que no se alzaba, todo el mundo quieto y una vez bajada “ya empezaba a cantar el pito y rugido de la maquina y empezaba a moverse el tren por los raíles haciendo ese ruido tan característico”, que me encantaba., miraba sonriendo a mi padre y él me decía “que ya nos vamos”. La gente aprovechaba ,para sus últimas despedidas de los que habían ido a despedirlo., !las ultimas lágrimas, los últimos adiós, las ultimas sonrisas y algunos incluso iban andando conforme el tren se movía y seguían y seguían prácticamente hasta que terminaba la vía!., Entonces me gustaba mirar por la ventana, ver el final de la estación, contemplar cómo no ,a mi “Granada ,al fondo la Sierra Nevada ,la Alhambra bella y hermosa y la Iglesia de San Jerónimo que al fondo se veía., entre tanta belleza en su conjunto ,!que ni el mejor poeta y pintor del mundo podrían soñar en juntar tanta hermosura en tan poco espacio ,que un lienzo parecía para enmarcar en el sueño del recuerdo de este niño ! que ahora partía ,para la gran ciudad, y que atrás dejaba su ciudad,., Toda esta hermosa estación de tren ,conforme seguía por las vías marchando .,empezaba a partir de ese momento, el momento de contemplar el paisaje, quedaban por delante muchas horas de viaje, muchas cosas que ver, muchos paisajes dormidos ,algunos y otros pensando en lo que atrás quedaba y lo que vendría luego cuando llegáramos, las mezclas de los pensamientos nos confunden, los sueños y las extrañas sensaciones., Yo tenía la mirada limpia, de un niño soñador y casi siempre contento., !Iba con mi padre y era muy feliz de tenerlo conmigo, a mi lado siempre !. Acompañándome a Madrid, a la ciudad de mis sueños y de mis penas,., por aquel entonces, todo era tan mágico, !hasta la merienda que tocaba en el camino, porque entonces ,se comía en el camino, se sacaba la merienda que estaba tan rica, y mientras comíamos seguíamos andando y viendo los paisajes, de mi querida Granada! Y luego todo lo que vendría ,después la provincia de Jaén, Despeñaperros misteriosa, con tanto monte verde y que me encantaba., las paradas eternas que hacíamos, algunas veces en mitad de nada, paraban misteriosamente el tren, y así seguíamos, me imaginaba un mundo de bandoleros cuando veía los frondosos bosques mientras el tren surcaba por la ladera de los ríos,…….. Mi padre muchas veces, después de comer y dejar las cosas en su sitio “se echaba su cabezadita y algunas veces empezaba a roncar” !!y yo le daba un empujón con la mano!!, para que se callara. Abría los ojos, me miraba con esos” enormes mofletes que tenía y me sonreía”,., después volvía a quedarse dormido y así ,estábamos los dos. Yo seguía mirando y mirando y viendo y viendo., continuaba el tren su marcha y más tarde ,pasábamos por los llanos de la Mancha ,interminables llanuras, llenas de verdes uva. Me gustaba tanto ,el contraste con los paisajes de Andalucía., pero estos me daban alargar los pensamientos eran tan llanos,, Al fondo a la derecha, ya se divisa Valdepeñas, tierra de buen vino, y empieza el Quijote a cabalgar por las vías, llevando su particular Molino andante en forma de vagón ., y después de Valdepeñas, vendría La Solana “que pueblo Galán”., Pueblo de los galanes, pueblo seco pero hermoso, y su gran torre embistiendo a lo lejos ,……..que bonito y sigue y sigue ., y allí se queda a lo lejos. Yo mirando para atrás, y por supuesto en el momento de pasar diciéndole a mi padre !mira La Solana!, Allí se ve, y los dos a mirar y decíamos “pronto iremos”, y así seguíamos .la marcha que vendría, no muy tarde Manzanares, y antes Membrilla y después, bueno todos los demás pueblos manchegos ., Algunos al fondo a la izquierda, quedaban con sus Molinos en el monte , otros ,con sus enormes campanarios, y todos con sus grandes monumentos ,enforna de uva y vid,! ,que tan característico riega estos lares del mundo!., con ese vino tan bueno ,aunque yo por mi edad no lo probara., así continuaba la aventura del camino, dejando la provincia de Ciudad real, y pasado por Toledo y también sus pueblos en el camino,. Hasta llegar ya muy tarde ,muchas horas después( y confieso que, aunque por mi edad no era mucho),.,si cansado de tantas horas sentado, (y a mí con lo que me gusta el movimiento también), aunque confieso ,que me levantaba de vez en cuando, iba de un lado a otro del vagón ,entraba en el servicio que era estrecho y pequeño y no paraba. Ya se iba notando que poco a poco nos acercábamos., allí en la lejanía se veía la gran ciudad que era y es Madrid,., y antes de llegar ,pasábamos por Aranjuez, no por la ciudad que quedaba a la derecha pero si por sus paisajes, y el rio , y luego vendría el “Cerro de los Ángeles”., Me .,gustaba ver, la Cruz enorme ,y tan majestuoso y frondoso monte, .,y cuando lo pasaba ,rezaba un padrenuestro y pedía siempre( porque era muy pedigüeño)., muchas cosas, y luego más tarde ya, la ciudad envolvía, ya estaba dentro de nosotros en un pis pas., y poco tiempo más, empezaba mi padre a “decirme sus consejos”.,, y de esta forma la gente empezaba el movimiento, hasta que entrabamos en Atocha. Enorme, grande ,alta todo de hierro y vías de trenes que parten a toda España. El tren entraba despacio ,tranquilo, lánguido, hasta que finalmente se para,. ,y la gente se levanta y todos al mismo tiempo, la prisa entra., coger las maletas, las bolsas, el equipaje, y la sonrisa ,la despedida hasta otra y última mirada por la ventana., y todo el mundo corriendo. Para muchos Madrid es ciudad de paso obligado, donde parte otro tren que lo llevara a otro destino, y por eso la prisa de no perder el enlace,., para otros ciudad de parada, de vida en ella, de trabajo ,donde no existe en mi querida Granada., para otros el sueño del comienzo de todo de la vida, el ingenuo despertar ., para otros la aventura , otros vienen a ver sus grandezas de capital de España ,donde solo aquí existen cosas que no se pueden ver en otros sitios.,, y para otros estudiar o volver con la familia., “Para mi Madrid era ,la ciudad donde iba a comenzar a curarme de mi enfermedad, era el principio de todo lo que después vendría, y todo ello ,caminando por el sueño, la belleza y la ilusión ,la alegría y el dolor “Pero alegre siempre, y !tener a mi padre como mi particular Quijote en el camino que me enseñaba con respeto ,su sonrisa y su deje de graná,…. tantas cosas que nunca olvidare que me marcaron como esta bendita ciudad!. Y llegados a Madrid, mis recuerdos empiezan a pulular por mi cabeza. Lo primero que hicimos nada más bajar al andén, fué dirigirnos entre el bullicio de la gente, a la salida., recuerdo estaba bastante retirada ,desde donde nos dejó el tren. Yo veía con ojos de asombro ,las grandes galerías de hierro que tenía la estación., después con el transcurso de los años me fui informando ,que fue inaugurada nada menos que por la Reina Isabel II, en el año 1851, y que fue su primera pasajera, viajando hasta Aranjuez., que estaba repleta de murallas alrededor de la ciudad, y que originalmente se denominaba “Embarcadero”., y que un incendio, destruyo parte de su estructura original., en fin la historia que tiene es muy larga , y podía poner muchas cosas más de la misma, pero prefiero dejarlo aquí y continuar mi narración ,porque no escribo esto solo por decir como era, sino que sentimientos me producían aquella entrada ,para mi triunfal a la gran ciudad. Entrabamos ya por la puerta de salida y dejamos atrás la estación ., y seguimos el camino que nos conduciría a la posada-hostal donde nos alojaríamos., Pero, antes que nada, recuerdo la gran cantidad de coches que circulaban y de gente., los edificios ,eran enormes y en la Plaza del Emperador Carlos V ,había por aquel entonces un gran excalextric,( eso me llamo mucho la atención)., los coches circulaban en todas las direcciones Había de tantos tipos y colores, me llamaba la atención, los grandes taxis de la época y los camiones y las motos con sidecar., y en el centro de la Plaza ,una Fuente que se llamaba “Fuente de la Alcachofa”, y que luego más tarde fue trasladada al Retiro II MADRID Paseo de las delicias de Madrid Íbamos bajando la calle después de dejar la estación de tren al fondo, la Estación de Atocha . Yo no sabía muy bien donde íbamos., (eso era cosa de mi padre), pero si recuerdo la calle Delicias.. Era grande, a ambos lados de la misma tenía muchas tiendas, casi todas pequeñas., recuerdo la calle con mucha gente, (sinceramente era fea muy fea, negruzca),. ,ahora después de tantos años cuando la recuerdo la última vez que pase por ella, tampoco está muy cambiada. Son de esas calles que evolucionan poco en el tiempo, parece que las hicieron y se olvidaron de ellas como de las personas que la habitan., Ahora es cierto ha evolucionado la forma del comercio, y otras cosas del tráfico, pero en esencia todo es lo mismo, un ambiente gris y rancio se respira., una extraña mezcla de gente pululando por ella, de todas las ciudades vienen y esto es una característica de Madrid, donde encuentras gente de todo tipo y paisaje. Si ,allí estábamos mi padre y yo, bajando la calle y hacia el final de la misma, después de unos 20 minutos andando a buen ritmo, “me dijo que, si estaba cansado, que ya quedaba poco para llegar”,., Apenas unos metros al final de la calle, dejando a la izquierda, cogimos una pequeña Calle por entonces., aunque ahora es algo más grande., se llamaba Tomas Bretón, y a la altura de la mitad más o menos paramos y dejo la maleta en el suelo. Allí me dijo, que en esta casa, seria donde pararíamos y efectivamente le dio al timbre y al poco tiempo salió una señora y nos saludó. Mi padre le dijo quien éramos y que veníamos de Granada para quedarnos unos días. Entramos en la casa de varios pisos, muy grande y con muchos escalones., tomó nota de nuestros nombres y nos dio una llave para que subiéramos al segundo piso. Aún recuerdo aquellas escaleras, porque eran pequeñas y parecía que nunca acababan, en cada planta una ventana, pero no llegaba a ver lo que había fuera porque eran muy altas y yo muy bajo aun, Subimos hasta nuestra habitación, era la segunda planta y solo había dos habitaciones., tengo que decir que era una pensión, pero muy familiar más bien una casa compartida con la familia, y entramos en el interior de la habitación que no era muy amplia , apenas tenía dos camas separadas, una ventana , un pequeño balcón y un cuarto de baño en su interior ., Había un armario empotrado, una mesita y dos sillas, y poco mas, no era excesivamente grande eso si, lo recuerdo igual que los techos que eran muy altos, eso era lo que más me llamaba la atención la altura de la casa en general. Una vez allí sentados dejamos las maletas y mi padre entonces comenzó a decirme la cama en que me acostaría y que nos” diéramos un lavado ,que estábamos cansados del viaje y colocáramos las cosas dentro del armario”. Y así hicimos, lo fuimos todo dejando, colocado en el interior del armario y nada se quedó en medio, después de todo, recuerdo que mi padre sacó algo de comida que llevábamos del viaje y sentados en la mesa empezamos a comer despacio. Yo miraba por la ventana y apenas se veía gente, la calle no era muy grande y los edificios tampoco , era en general un ambiente muy tranquilo para estar en el centro de Madrid, incluso me preguntaba ,que en mi querida Granada habría más ruido a esa hora de la noche. Fotos antiguas: Un Madrid galdosiano (1897) - Secretos de Madrid MADRID GALDOSIANO Después de cenar y como no teníamos mucho más que hacer y estábamos cansados del viaje., mi padre me dijo de acostarnos porque por la mañana tendríamos que madrugar., Yo le dije que bueno, que lo haría y así hice me lavé, hice mi pis y enseguida, después de darle un beso fuerte me despedí y me fui a la cama. I V Viaje al Hospital Por la mañana siguiente nos levantamos, me preguntó qué tal había dormido yo le dije que bien., Aunque no era cierto, porque había dormido poco y mal., mi padre roncaba mucho y no me dejaba dormir. Yo tenía un sueño muy ligero, y a poco que oyera un ruido me despertaba y me costaba luego mucho volver a coger el sueño.,” pero bueno le dije, que muy bien” Y, ¿ que íbamos a hacer hoy?, El me dijo, que nos acercaríamos por el hospital, para ver al médico , “vale le conteste, cuando tú quieras nos vamos, y así hicimos, colocamos las cosas en su sitio y dejamos todo arreglado”. Bajamos las escaleras y en el piso primero, estaba la dueña con una de sus hijas., allí estuvieron hablando con mi padre un buen rato y ya le dijo que “nos íbamos al médico para que me vieran”., Ellas se despidieron muy atentas, y nos fuimos a la calle. Por el camino, parecía que la calle no era igual que el día anterior., seria porque no llevaba nada encima o estuviera menos cansado o fuera de día, pero no me parecía la misma calle. Fuimos a desayunar en una cafetería que había justo en la esquina, se llamaba cafetería LAYKA, entramos saludamos y pedimos, para mi le dije a mi padre que quería una “Puleva” y una tostada, !mi padre se reía!, porque yo entendía, que el batido de chocolate era decir “Puleva”, como la marca de mi Granada, pero me dijeron que no había y que, si quería otro batido., Yo claro dije que sí y eso fue lo que me pusieron. Una vez que terminamos de desayunar nos fuimos a la calle y en la esquina, justo al lado de la misma acera paramos y en la parada de bus nos quedamos. Me dijo mi padre, que teníamos que coger el numero 51 y que nos llevaría al Hospital de San Rafael. Estuvimos esperando más o menos 15 minutos, cuando llego el bus de color rojo, había una enorme cola de gente que subía y entramos., No había sitio para mi padre ,ni para mí por lo que fuimos todo el camino de pie. La gente se amontonaba, y en todas las paradas venga a subir y bajar gente., menos mal que un asiento que había al lado se quedó libre y me senté un rato. Mi padre no quiso sentarse y me dijo que lo hiciera yo. Iba mirando las cosas de la calle, aunque tampoco muy atento porque era muy agobiante la sensación que me producía el autobús, por lo que cuando llegamos al destino y mi padre me dijo que ya estábamos, me entró un gran alivio la llegada. Una vez en la calle cruzamos la acera de enfrente y al fondo se veía el hospital., Recuerdo que era grande, y no del todo feo, nos acercamos a recepción y mi padre que llevaba siempre una carterilla en la mano con un montón de papeles ,sacó uno de la cartera, y le dijo al recepcionista que teníamos cita con el doctor Miguel Muruera . El mismo comprobó los datos y nos dijo, que teníamos que ir al fondo del pasillo y en la sala de espera que nos sentáramos. Yo no tenía conciencia de nada, iba como el que no quería, pero por otra parte no rechistaba mucho, sabía qué hacía y para que había ido. En Granada, cuando empezó mi enfermedad que aún no se sabe cómo fue., era una escoliosis, o desvió de columna como yo decía, según me dijeron, se produjo porque me caí de un columpio cuando tenía unos 8 años de edad aproximadamente., no lo sé ,pero sí sé que yo cuando nací estaba bien y no tuve ningún problema con mi columna hasta esa edad aproximadamente, fuera esta u otra causa, a partir de ese momento puedo asegurar que cambiaría mi vida absolutamente., A partir de ese momento, ya empezaron muchos problemas. Yo era muy ingenuo como un niño que era, y la verdad es que al principio tampoco tuve mucha sensación de lo que me pasaba. Recuerdo que a partir del momento que empecé con los médicos, primero fue en Granada, iba a una consulta donde me dijeron ,que tenía un problema serio con mi espalda. Luego más tarde para que me vieran bien, me llevaron al Hospital de San Juan de Dios, que ahora es de San Rafael en Granada. Allí estuve durante casi un año entero de mi vida., nunca comprenderé cómo es posible que pudiera estar tanto tiempo en aquel hospital pero así fue, fueron no obstante días felices, porque yo sinceramente no me encontraba al principio mal, más allá de sentir una sensación extraña en mi interior cuando me tocaba la espalda, como si algo estuviera salido o torcido en mi interior. Allí estaba con más niños de mi edad que todos estábamos más o menos en las mismas condiciones, había mucha gente que entraba y salía del hospital. Mis padres iban todos los días a verme y los recuerdo mucho. Allí según me dijo más tarde mi padre, había un enfermero cuyo nombre no recuerdo que fue el que le dijo a mi padre entonces, que si seguía en este hospital, no llegaría a los 15 años, pues la espalda poco a poco se iría poniendo más torcida y llegaría un momento en que me aprisionaría los pulmones. Este enfermero cuyo nombre no lo pregunté o si me lo dijeron no recuerdo el nombre, solo sé ,que era un enviado de Dios porque gracias a su buen hacer y su sabio consejo mis padres decidieron que no siguiera más tiempo en este hospital, y que me fuera a Madrid al Hospital donde ahora estoy a ver al doctor Luis Munera ( siempre pensé con el tiempo que sería el mismo Juán de Dios) GRAN VIA DE MADRID El cine Princesa de Madrid, lo recuerdo con nostalgia. Era una gran sala que se encontraba en la Gran Vía de Madrid, por aquel entonces, como ahora, lo recuerdo tan bonito, aunque no se si seguirá el mismo, lo habrán cambiado de nombre o será otra cosa, pero si recuerdo que a ese cine me llevaba mi padre, y tenia gracia. Las películas que ponían,( recuerdo que vi por primera vez ciento un Dálmatas), recuerdo que mi padre me preparaba la merienda y me dejaba en el cine a las cuatro, cuando empezaba la primera sesión, y recuerdo que le decía al encargado que me dejaba y que tenía que hacer cosas en la calle Seguro le contaría con su habitual sonrisa alguna cosa para que me tuviera vigilando de vez en cuando, y recuerdo ver la peli al menos dos veces, porque sin moverme del sillón soñando me quedaba, y cuando al tiempo largo, vino mi padre y me preguntaba, que como lo había pasado, y yo le decía que muy bien la película, y luego de la mano me levantaba, y salíamos del cine los dos caminando por la “Gran Vía, enorme de Madrid”, Y parábamos a tomarnos el bocadillo, que me tenía preparado seguro que en algún sitio, antes de llegar a la pensión de la Calle Delicias, donde nos quedábamos cuando íbamos a Madrid. VII REGRESO A GRANADA Contemplaba el camino de vuelta nuevamente a mi tierra a mi Granada. Había dejado la gran ciudad por el momento, en este primer viaje que me llevó a ver un poco el inicio de lo que luego se repetiría muchas veces, no había sido tan malo como pensaba de momento. Solo había tenido tiempo en este primer viaje de ver algunas cosas, la Estación de tren , los alrededores de la estación, el Paseo de Delicias con sus enormes casas y grandes aceras. Esto fue una de las cosas que más me llamo la atención, como eran tan grandes las aceras de la calle o paseo, por los dos lados había mucha distancia y la calle era enorme, estaba acostumbrado a las calles de mi granada que eran mucho más estrechas. Atrás quedó también la pensión donde dormimos apenas dos noches, y todo el ajetreo de idas y venidas en autobús y andando hacia el hospital donde me vieron por primera vez. Allí ya con todos los papeles que llevaba mi padre de Granada del hospital de San Juan de Dios, donde estuve un año antes, y las pruebas que me hicieron durante esos dos días, me diagnosticaron que tenía escoliosis dorsal, como si mi columna vertebral por dentro estuviera hecha un enorme embudo que circulaba de un lado para otro del interior de mi cuerpo, haciendo doble ese, y que no sé por qué motivos se había puesto de esta forma ,aunque pudiera ser por alguna caída lo cual para mí fue desconcertante porque nunca pude pensar que la posible caída del columpio que tuve generara en una cosa tan gorda, la cosa era que me encontraba de esta forma, y que sería necesario en el plazo de unas semanas, volver nuevamente a Madrid, para que me hicieran más pruebas y decidir qué tipo de tratamiento me darían porque así no podía seguir. Volví con mi padre en el tren ,el mismo que ya cogimos a la ida y ahora eso si, iba más contento que en la ida, porque volvía a Granada, y allí me esperaba mi casa, mis amigos todo mi mundo de un niño de 8 años . ENTRE GRANADA Y ÁCULA Si, mi mundo seguía, ya en Granada. Habia imaginado muchas veces, aquellos primeros viajes en Tren. Pero después vinieron otros, que me despertaban. Cuando al poco tiempo volvimos a marchar de Granada a Madrid, recuerdo con nostalgia nuevamente la estación. Sin embargo el viaje ahora tenia un aroma distinto, sabia que algunas cosas no cambiarían, que mi padre nuevamente me acompañaría, llevando su maleta verde, que tantas y tantas ocasiones nos acompañarían. Es curioso, como después de tantos años desde que relato estos hechos, recuerdo la maleta verde de mi padre. Una y otra vez pasa por mi imaginación. Recuerdo de verlo por la mañana en Granada, unas horas antes de partir, como iba dejando las cosas poco a poco dentro de la maleta, parecía un pozo abierto, donde todo entraba. Su ropa interior, su colección de calcetines, los pañuelos que llevaba, siempre en gran numero. sus camisetas cortas que tanto le gustaban, su camisa impoluta, y su chaqueta que siempre llevaba. Su pantalón que solía ser marón. y Sus zapatos compañeros. Hay Manolito como te decían tus hermanos en Acula, cerca de Granada donde naciste y te criaste, en aquella casa tan enorme, donde vivían mis abuelos, a unos 20 kilómetros de Granada. Una casa señorial, que en aquella época la componía toda una manzana que rodeaba la plaza. Allí se criaron todos mis tíos, y mi abuelo y mi abuela. Pocos recuerdos de ellos, por no decir ninguno tengo de mis abuelos, murieron cuando era un crio o tan ni siquiera habia nacido. Pero cuando voy al cementerio siempre los saludo. Esto es una costumbre que tengo, siempre voy al cementerio que esta cerca de Acula cuando voy, entro y suelo pasar un largo tiempo, es bonito, tranquilo, y muy acogedor, a mi siempre me ha gustado el silencio y la paz que los cementerios transmiten. Hay gente que siente susto, y no le gusta, ¿pero que pueden hacer los muertos?. Si ellos fueron nuestros amigos en vida, si los conocimos, que pueden darnos para que nos asustemos. El cementerio de acula es especial, porque no es muy grande, es como un anexo al pueblo, que apenas ronda los cien habitantes. Esta en un enclave mágico, a la vista sierra nevada, siempre blanca. Cuando voy especialmente en verano a pasar unos días con mi madre y mi hermano cuando viene, esta dorado de la espiga amarilla. Cuando paso en invierno, tiene otro aspecto, pero nunca pierde su belleza. Aquí en este pueblo mi padre creció, y vivió los primeros años de su vida. Ahora con el tiempo le llaman Don Manuel, algunos, y otros siguen diciéndole por su nombre de joven. Pero a mi me gusta llamarlo Manuel, porque no me gusta el Don aunque se lo merezca. Algunas veces me he preguntado. ¿ Donde esta la maleta verde? Le perdí la pista en los últimos viajes que hice con mi padre a Madrid. No creo muriera de vieja, aunque muchos tutes le dió, seguro que en algún lugar estará. Yo al menos quiero pensarlo así, recordarlo a él, junto a su maleta verde, caminando despacio desde mi casa a la estación. Subiéndola por el anden y en lo alto dejarla junto a las otras maletas. Yo normalmente llevaba una pequeña mochila o maleta no muy grande tampoco. Las dos iban juntas como nosotros. Llenas de recuerdos a la ida, cargadas de Granada, llorando la pena de la ida, y alegres y risueñas a la vuelta de Madrid. Normalmente no estábamos mucho tiempo cada vez que íbamos, algunas veces, las que más una semana, pero siempre eran estancias breves. Ahora recuerdo también los pañuelos de mi padre, siempre los tenia impolutos, nada de papel como ahora. Siempre tenia varios, que le daba uso continuo, pues se sonaba bastante la nariz. Los dejaba en la mesita de noche, cuando estábamos en la pensión, que ya en otro momento describí, y que siempre fue la misma durante todo el tiempo que estuve yendo a Madrid. Por la noche cuando llegábamos de la calle, lo primero que hacia era ponerlos dentro de la pila que habia en la habitación, y con un poco de jabón dale que dale, hasta que el pañuelo quedaba limpio como la rosa. Era muy gracioso verlo, limpiando sus cosas, colada y todo se quedaba en una pequeña cuerdecita que habia al fondo de la habitación cerca de la ventana, dejaba un poco abierta, para que hubiera corriente, y se secara. Luego cerraba la ventana y se quedaba toda la noche la colada de los dos. Los pañuelos, y todo lo demás. Recuerdo los mofletes de mi padre, eran grandes como su cara, tenia una sonrisa de un niño tierno, y unos ojos chillones. El pelo lo tenía corto, pero sobre todo recuerdo sus mofletes. Cuando comía subían y bajaban, como si fuera un columpio que uno empuja. Le gustaba comer, y siempre le daba mucho arte, comía despacio muy despacio, y siempre un buen sorbo de agua fresquita de la botella. Por la mañana le gustaba sus churritos, cerca de la pensión, solíamos ir a tomar algunos, aunque no siempre lógicamente, porque normalmente solíamos salir temprano y corriendo, para llegar pronto al Hospital, pero siempre recordaré aquellos churros, no porque estuvieran particularmente buenos, pero si porque eran los que yo tomaba con mi padre. Yo siempre he tenido la costumbre de fijarme en las pequeñas cosas que me rodean, no tengo grandes recuerdos de lo que hacia en aquella época, si se a lo que iba, y porque estaba. Seria tonto no acordarme, pero muchas veces ahora en mi cabeza, cuando escribo esas cosas, me vienen detalles, mas que pensamientos, me vienen alegrías mas que penas. Fue sin duda una etapa de mi vida, que duro unos 10 años, pero que están llenos de tantas vivencias, de tantas cosas, de tantos pequeños detalles, que para mi se quedan. Ahora después de mas de 25 años que murió mi padre, un triste día de octubre, por cierto un 16,nunca dejo de pensar en él. Dia a día minuto a minuto, siempre en mi recuerdo. CONTINUARÁ …….

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