jueves, 28 de enero de 2021

Pequeño relato


 Pequeño relato


Érase un día muy soleado cuando iba como de costumbre y cuento tantas veces y ya he escrito paseando por la calle y en esto que iba absorto mirando a la lejanía y como casi siempre un poco despistado, esa nota es común en mí reconozco como defecto personal que soy un poco bastante despistado que no suelo muchas veces prestar atención a las cosas, hace unos años me dijo una persona cuyo nombre omito por ahora y año para mí una expresión que en aquel momento me hizo gracia y decía cuando alguien tiene cara de despiste tiene cara de Genaro, bueno dicho esto es por ello por lo que muchas pareces como también se dice parece que estás en babia, porque no te enteras de las cosas. Yo sinceramente pienso que en algunas ocasiones me ha venido bien esa estrategia de poner la cara de despiste y pareciendo que no me enteraba escuchaba más de lo que se pensaba, pero en algunas otras ocasiones y pienso es la más habitual me ha servido para ausentarme de las cosas de alguna persona incómoda no es tanto pasar de la gente no que se me entienda, pero es como poner una especie de distanciamiento orbital con la otra persona, entiéndase con todos los respetos hacia el otro, aunque también me ha servido para no mandar al carajo al otro verbalmente sino que con cortesía y callando me he evaporado de alguna gente y dicho todo esto, me viene a la memoria aun reciente escrito que hace unos días deje de relatar y que ahora con esto que me ha dado de escribir cosas conforme escribo me viene a la memoria, esto es algo que tampoco es bueno porque muchas veces te sientas en tu sillón empiezas a darle a las teclas y no sabe uno por donde va encaminada la memoria o imaginación es un misterio ,pero como iba diciendo me he acordado de que hace unos días empecé a escribir de un tema que me gusto un poco y era de cuando era pequeño e iba a Madrid con mi padre, relataba la pasión que en aquel momento sentí por los trenes a mí siempre me han chiflado el mundo ferroviario, es un poco mágico todo lo que lo envuelve, sobre todo claro las estaciones de antes las antiguas las que yo conocí en aquellos lejanos tiempos a mí me gustaba mucho, llegar a la estación y ver el aroma que se respiraba añejo, había prisa si porque siempre la ha habido, pero me da la impresión de que era una prisa distinta, quizás porque la mirada que tenía en aquel entonces era la de un niño de no más de 10 años de edad, algo bastante cafetillo de provincia y que iba a la gran ciudad que por aquel entonces sobre todo era Madrid, ahora también lo es, y seguimos siendo algo cafetillos aunque claro con esto de las autonomías y demás parece otra cosa, pero yo en aquel entonces era un niño de apenas diez años, e iba viajando con mi padre, cuando llegaba a la estación para mi todo era mágico desde elprimer momento que entraba y pisaba o pasaba por la puerta, no era muy bonita estaba un poco desaliñada pero no importaba, entrabamos por la puerta y en apenas un pasillo a la izquierda estaban los despachos de billetes, y a la derecha una cafetería donde nunca entrabamos, y un gran reloj en el centro de la puerta que marcaba la hora y luego un pequeño cartel indicando el tren que partía, había pocos trenes a Madrid, Barcelona, y alguno que otro regional. Los trenes de Madrid se ponían al principio en la fila uno o anden mejor dicho uno, estaba justo al entrar y ya desde la misma puerta de entrada en la estación se veía, cuando cruzaba la puerta con mi padre ya estaba preparado el tren una fila muy larga desde el inicio se perdía al fondo, y entonces como casi siempre llegábamos con tiempo costumbre esta que tenía mi padre y que ahora me la ha transmitido a mí lo de procurar llegar con tiempo a las cosas, es una buena costumbre creo porque te quita tensión y te permite jugar con los pensamientos, bueno al menos a mí me lo parece aunque en esto como en todo habrá opiniones tan respetables si no más que la de un pequeño servidor, y con esto me vengo a ese tiempo, que era tan bonito ver el tren parado haciendo ruido las maquinas con el humo que salía disparado hacia los raíles, y esos vagones tan grandes, una vez que llegábamos y estábamos allí muchas veces le pedía permiso a mi padre para ir andando hasta el inicio del tren, él me decía que tuviera cuidado, pero tampoco me ponía muchas pegas, por había tanto misterio como ahora que da susto muchas cosas, pero a mí me gustaba ir al principio donde estaba la máquina que dirigía el tren, esta era más bonita si cabe que el resto de los vagones era bien distinta más larga, más grande con dos enormes ventanas en los laterales y sobre todo me gustaba mucho la enorme chimenea que tenía, y me llamaba mucho la atención los faros que tenía eran dos grandes faros que iluminaban fuertemente porque estaban encendidos y preparados para la partida, y allí en lo alto ya estaba preparado el maquinista, tocando todas las cosas comprobando que todo estaba correcto, y había grandes botones por todos los lados o al menos a mí me parecía porque tampoco es que viera mucho porque no era muy alto en esa edad, y no veía, aunque mi imaginación era un torbellino que me hacía ver muchas cosas de las que parece solo la imaginación y la mirada de un niño adolescente solo puede ver, y así con estas cosas, la gente iba entrando y ya se palpaba el bullicio la mezcla del viajero y la persona que lo acompaña a despedirlo, era algo que siempre me gustó mucho, esas eternas despedidas de antaño, parecía que uno se iba y no volvería nunca más y que aquí se acababa todo, eran sonrisas mezcladas con llantos de lágrima, y sobre todo mencionaba mucho la despedida de la persona querida a su amada compañera entre besos y caricias que, aunque en mi corta edad no distinguía de estas cosas sí que ahora pienso que era lo que ocurría.

Mi padre ya me estaba diciendo que me acercara que ya íbamos a subir al tren, y yo obediente me acercaba a él, entonces subíamos al vagón, de segunda clase, yo miraba muchas veces a los de primera que siempre se ponían al principio de la vía y nosotros siempre al final del mismo, y me decía como seria por dentro, algún día entraré y si puedo comprare un billete para ver cómo se va, también me fijaba en la gente y me decía hay van las distinguidas personas que suben en primera clase, aunque tampoco era gran cosa, y mi padre y yo nos subíamos contentos y eso era lo importante a él le supondría un gran sacrificio.

Una vez dentro del tren siempre mirando a los lados para comprobar el asiento y entonces una vez encontrado, subir las maletas claro mi padre a la parte superior, a él le costaba un poco porque era alto el tren recuerdo y no era muy alto, pero la cosa es que siempre todo se colocaba en su sitio y ya uno a sentarse, por supuesto yo en ventanilla siempre y mi padre al lado mío, a mí como a casi todos los niños pienso le gusta la ventanilla, una vez que nos sentábamos pasaba el revisor para clicar los billetes, revisor de los de antes, que ya no existe, con su gorra y su traje trajeado, un pequeño bigotillo y muy amable pasaba, y normalmente el tren a tope de gente, que ya sentada en su asiento y colocadas las cosas en sus sitios empezaban el chismorreo que no faltaba la conversación el saludo tan cortes y vamos, ya que salimos, al fondo el silbato pintando y la bandera roja de partida del tren hasta que no se alzaba todo el mundo quieto y una vez bajada ya empezaba a cantar el pito y rugido de la máquina y empezaba a moverse el tren por los raíles haciendo ese ruido tan característico, que me encantaba, miraba sonriendo a mi padre y él me decía que ya nos vamos, la gente aprovechaba para sus últimas despedidas de los que habían ido a despedirlo, las últimas lágrimas, los últimos adiós, las últimas sonrisas y algunos incluso iban andando conforme el tren se movía y seguían y seguían prácticamente hasta que terminaba la vía, y entonces me gustaba mirar por la ventana y ver el final de la estación y contemplar cómo no a mi granada al fondo la sierra nevada la Alhambra bella y hermosa y la iglesia de San Jerónimo que al fondo se veía entre tanta belleza en su conjunto que ni el mejor poeta y pintor del mundo podrían soñar en juntar tanta hermosura en tan poco espacio que un lienzo parecía para enmarcar en el sueño del recuerdo de este niño que ahora partía para la gran ciudad, y que atrás dejaba su ciudad, y toda esta hermosa estación de tren conforme seguía por las vías marchando y empezaba a partir de ese momento el momento de contemplar el paisaje quedaban por delante muchas horas de viaje, muchas cosas que ver, muchos paisajes dormidos algunos y otros pensando en lo que atrás quedaba y lo que vendría luego cuando llegáramos, las mezclas de los pensamientos nos confunden los sueños y las extrañas sensaciones, yo tenía la mirada limpia de un niño soñador y casi siempre contento, iba con mi padre y era muy feliz de tenerlo conmigo, a mi lado siempre acompañándome a Madrid a la ciudad de mis sueños y de mis penas, por aquel entonces, pero todo era tan mágico, hasta la merienda que tocaba en el camino, porque entonces se comía en el camino se sacaba la merienda que estaba tan rica, y mientras comíamos seguíamos andando y viéndolos paisajes, de mi querida granada y luego todo lo que vendría después la provincia de jaén, Despeñaperros misteriosa, con tanto monte verde y que me encantaba, las paradas eternas que hacíamos algunas veces en mitad de nada paraban misteriosamente el tren, y así seguíamos, mi padre muchas veces después de comer y dejar las cosas en su sitio se echaba su cabezadita y algunas veces empezaba a roncar y yo le un empujón con la mano para que se callara abría los ojos me miraba con esos enormes mofletes que tenía y me sonreía, después volvía a quedarse dormido y así estábamos los dos, yo seguía mirando y mirando y viendo y viendo, y continuaba el tren su marcha y más tarde pasábamos por los llanos de la mancha interminables llanuras, llenas de verdes uvas, me gustaba tanto el contraste con los paisajes desde Andalucía, pero estos me daban alargar los pensamientos eran tan llanos,, al fondo a la derecha ya se divisa Valdepeñas tierra de buen vino, y empieza el Quijote a cabalgar por las vías llevando su particular molino andante en forma de vagón , y después de valdepeñas vendría La Solana que pueblo Galán, pueblo de los galanes, pueblo seco pero hermoso, y su gran torre ya está embistiendo a lo lejos que bonito y sigue y sigue y allí se queda a lo lejos yo mirando para atrás y por supuesto en el momento de pasar diciéndole a mi padre mira La Solana, allí se ve, y los dos a mirar y decíamos pronto iremos, y así seguíamos, la marcha que vendría no muy tarde manzanares, y antes membrilla y después, bueno todos los demás pueblos manchegos ,algunos al fondo a la izquierda quedaban con sus molinos en el monte, otros con sus enormes campanarios, y todos con sus grandes monumentos en forma de uva y vid que tan característico riega estos lares del mundo con ese vino tan bueno aunque yo por mi edad no lo probara, y así continuaba la aventura del camino, dejando la provincia de ciudad real, y pasado por Toledo y también sus pueblos en el camino hasta llegar ya muy tarde muchas horas después y confieso que, aunque por mi edad no era mucho, si cansado de tantas horas sentado, y a mí con lo que me gusta el movimiento también, aunque confieso que me levantaba de vez en cuando iba de un lado a otro del vagón entraba en el servicio que era estrecho y pequeño y no paraba.

Ya se iba notando que poco a poco nos acercábamos, allí en la lejanía se veía la gran ciudad que era y es Madrid, y antes de llegar pasábamos por Aranjuez no por la ciudad que quedaba a la derecha pero si por sus paisajes, y el río, y luego vendría el Cerro de los Ángeles que me gustaba ver, la Cruz enorme y tan majestuoso y frondoso monte, y cuando lo pasaba rezaba un padrenuestro y pedía siempre por qué era muy pedigüeño muchas cosas, y luego más tarde ya la ciudad envolvía estaba dentro de nosotros en un pis pas, y poco tiempo más, empezaba mi padre a decirme sus consejos, y de esta forma la gente empezaba el movimiento, hasta que entrabamos en Atocha, enorme grande alta todo de hierro y vías de trenes que parten a toda España. El tren entra despacio tranquilo lánguido, hasta que finalmente se para, y la gente se levanta y todos al mismo tiempo la prisa entra, coger las maletas las bolsas, el equipaje, y la sonrisa la despedida hasta otra y última mirada por la ventana y todo el mundo corriendo para muchos Madrid es ciudad de paso obligado donde parte otro tren que lo llevara a otro destino, y por eso la prisa de no perder el enlace, para otra ciudad de parada de vida en ella, de trabajo donde no existe en mi querida Granada, para otros el sueño del comienzo de todo de la vida, el ingenuo despertar , para otros la aventura, otros vienen a ver sus grandezas de capital de España donde solo aquí existen cosas que no se pueden ver en otros sitios, y para otros estudiar o volver con la familia, para mi Madrid era la ciudad donde iba a comenzar a curarme de mi enfermedad, era el principio de todo lo que después vendrá, y todo ello caminando por el sueño, la belleza y la ilusión la alegría y el dolor, pero alegre siempre y tener a mi padre como mi particular quijote en el camino que me enseñaba con respeto su sonrisa y su deje de grana, tantas cosas que nunca olvidaré que me marcaron como esta bendita ciudad.

Y llegados a Madrid, mis recuerdos empiezan a pulular por mi cabeza, lo primero que hicimos nada más bajar al andén fue dirigirnos entre el bullicio de la gente a la salida, recuerdo estaba bastante retirada desde donde nos dejó el tren, yo veía con ojos de asombro las grandes galerías de hierro que tenía la estación, después con el transcurso de los años me fui informando que fue inaugurada nada menos que por la Reina Isabel II, en el año 1851, y que fue su primera pasajera viajando hasta Aranjuez, que estaba repleta de murallas alrededor de la ciudad, y que originalmente se denominaba embarcadero, y que un incendio destruyo parte de su estructura original, en fin la historia que tiene es muy larga , y podía poner muchas cosas más de la misma, pero prefiero dejarlo aquí y continuar mi narración porque no escribo esto solo por decir como era sino que sentimientos me producían aquella entrada para mi triunfal a la gran ciudad.

Entrabamos ya por la puerta de salida y dejamos atrás la estación y seguimos el camino que nos conduciría a la posada, hostal donde nos alojaríamos, pero, antes que nada, recuerdo la gran cantidad de coches que circulaban y de gente, los edificios eran enormes y en la plaza del emperador Carlos V había por aquel entonces un gran excalextric, eso me llamo mucho la atención los coches circulaban en todas direcciones.

Había de tantos tipos y colores, me llamaba la atención los grandes taxis de la época y los camiones y las motos con sidecar, y en el centro de la plaza una fuente que se llamaba fuente de la alcachofa, y que luego más tarde fue trasladada al retiro.

De esta forma y contemplando todo con mi padre, al que por cierto todavía no le he puesto nombre y que se llamaba para que lo sepan Manuel, o Manolito como le decían en su pueblo, y también mis tíos, que así lo llamaban e incluso algunos otros también le decían Don Manuel, aunque a mi persona mente me gustaba más el nombre de Manuel, que por su puesto le decía simplemente mi padre o papa era el más pequeño de la familia, nació en el año 1929, en una pequeña localidad a unos 24 kilómetros de Granada cuyo nombre era Acula un pequeño anejo de Ventas de Huelma.

Es un pueblo muy bonito de pocos habitantes, realmente gusta mucho estar en él aunque yo si lo confieso no he sido mucho de ir por allí, bueno al principio si me acuerdo mucho de pasar los veranos en él, cuando estaban las pandillas que nos reuníamos sobre todo por la noche y nos íbamos a la carretera y allí en el suelo cantábamos con la guitarra, a mí en aquella época me gustaba mucho tocar la guitarra e incluso componía canciones, ensayaba mucho y muchas veces ya más mayorcito en mi época de estudiante de bachillerato en el instituto me iba con un amigo mío y tocábamos juntos, he de confesar que por aquella época se ligaba mucho con la guitarra, en Acula tenía mi pandilla de amigos y casi todos los que estábamos éramos familia, eran otros tiempos y me gustaba el bullicio de la gente en ese ambiente tranquilo, especialmente en verano, luego durante el invierno apenas iba, salvo en febrero y enero que me iba con mi padre a secar los jamones que comprábamos en casa ninguno de granada totalmente crudos y luego en la Malaha comprábamos la sal, que luego llevábamos a la casa de Acula, y en una habitación muy fresquita los curábamos poniéndoles grandes planchas de piedra encima de la sal, y luego más adelante los poníamos en unas enormes pinzas para que se curase, era todo un arte, el proceso, pero merecía la pena la recompensa, porque el jamón estaba muy bueno, de aquí mi gran afición siempre a este producto. Recuerdo que iba con mi padre y con mi madre, a la casa algunos fines de semana, y por la noche en la chimenea grande de la casa, poníamos unas brasas enormes y allí asábamos carne o patatas, y estaba exquisito, y por la noche dormía en una de esas grandes habitaciones que tenía la casa, que era la de mis abuelos, y que tenía muchas enormes habitaciones de techos altos y grandes escaleras, por la noche me gustaba asomarme por la torre de la casa y mirar las estrellas, era un espectáculo único, nunca jamás en mi vida contemple tal belleza como las estrellas que veía desde esa torre, o cuando salía por la noche a dar paseos por el campo unas veces solo otras con la pandilla eran una maravilla.

En agosto recuerdo que nos íbamos por la noche a ver si veíamos las lágrimas de san Lorenzo, estas como dice la oración son como los ángeles que brillan en la noche.

Por lo demás tendría tantas cosas que escribir de esta época que me va y viene la memoria, lo mismo vienen mis recuerdos de mis amigos, tíos y familiares que estaban, como de mí mismo.

Un libro podía si escribir de mis tíos de Ácula, que, aunque no los veía mucho porque como ya dije tampoco iba mucho por allí exceptuando los veranos y la época cuando iba a curar los jamones en enero y febrero, época fría del año cuando todo era frío y daba gusto abrigarse y por la noche se dormía de un tirón y te despertabas como nuevo por la mañana al primer sonido de los pájaros que te despertaban al abrir las ventanas y ver ya salir el sol con sus primeros rayos matutinos, salía disparado de la cama y me bajaba por las escaleras a desayunar, y luego como siempre me ha gustado me cogía mi sombrero si era verano y me iba a pasear por aquellos caminos que eran gloria de espigas en verano, y amarillos como el sol radiante. La frescura de la mañana que despierta al más dormido, y el gusto de andar por andar que sé siempre me ha gustado. Era el que más temprano se levantaba y también de los últimos en dormir porque siempre me han gustado en esta época del año tanto la mañana el paseo antes de que venga el calor y la noche para contemplar las estrellas y jugar o bailar o tocar la guitarra o hablar con los amigos que allí tenía. Por la tarde un poco de siesta, aunque tampoco muy larga, eso si la costumbre del pueblo como todos los de los pueblos era la siesta bendita siesta que duraba para muchos cuatro o cinco horas, y que algunos para que fuera siesta era en cama, con el vaso de agua, para mí sin embargo no era un rito que tuviera por costumbre, aunque siempre un pestañazo me ha gustado.

Durante este momento del día verdaderamente sagrado donde los hubiera todo permanecía en silencio, nada se escuchaba eran los momentos del día donde más calor hacía, y el silencio era auténticamente sepulcral, todos absolutamente todo quedaba parado, como el tiempo.

Paseo de las delicias de Madrid

Íbamos bajando la calle después de dejar la estación de tren al fondo, la estación de Atocha, yo no sabía muy bien donde íbamos, eso era cosa de mi padre, pero si recuerdo la calle Delicias, era grande a ambos lados de la misma tenía muchas tiendas, casi todas pequeñas, recuerdo la calle con mucha gente sinceramente era fea muy fea, negruzca, ahora después de tantos años cuando la recuerdo la última vez que pase por ella tampoco está muy cambiada, son de esas calles que evolucionan poco en el tiempo parece que las hicieron y se olvidaron de ellas como de las personas que la habitan, ahora es cierto ha evolucionado la forma del comercio, y otras cosas del tráfico, pero en esencia todo es lo mismo, un aviente gris y rancio se respira, una extraña mezcla de gente pululando por ella, de todas las ciudades vienen y esto es una característica de Madrid donde encuentras gente de todo tipo y paisaje.

Si allí estábamos mi padre y yo bajando la calle y hacia el final de la misma después de unos 20 minutos andando a buen ritmo, me dijo que, si estaba cansado de que ya quedaba poco para llegar, apenas unos metros al final de la calle dejando a la izquierda cogimos una pequeña calle por entonces, aunque ahora es algo más grande, se llamaba tomas bretón y a la altura de la mitad más o menos paramos y dejo la maleta en el suelo. Allí me dijo que en esta casa seria donde pararíamos y efectivamente le dio al timbre y al poco tiempo salió una señora y nos saludó. Mi padre le dijo quien éramos y que veníamos de granada para quedarnos unos días. Entramos en la casa de varios pisos, muy grande y con muchos escalones, tomo nota de nuestros nombres y nos dio una llave para que subiéramos al segundo piso. Aún recuerdo aquellas escaleras porque eran pequeñas y parecía que nunca acababan, en cada planta una ventana, pero no llegaba a ver lo que había fuera porque eran muy altas y yo muy bajo aun, Subimos hasta nuestra habitación era la segunda planta y solo había dos habitaciones, tengo que decir que era una pensión, pero muy familiar más bien una casa compartida con la familia, y entramos en el interior de la habitación que no era muy amplia, apenas tenía dos camas separadas, una ventana, un pequeño balcón y un cuarto de baño en su interior, había un armario empotrado, una mesita y dos sillas, y poco más no era excesivamente grande eso si lo recuerdo igual que los techos que eran muy altos, eso era lo que más me llamaba la atención la altura de la casa en general. Una vez allí sentados dejamos las maletas y mi padre entonces comenzó a decirme la cama en que me acostaría y que nos diéramos un lavado que estábamos cansados del viaje y colocáramos las cosas dentro del armario. Y así hicimos, lo fuimos todo dejando colocado en el interior del armario y nada se quedó en medio, después de todo, recuerdo que mi padre saco algo de comida que llevábamos del viaje y sentados en la mesa empezamos a comer despacio, yo miraba por la ventana y apenas se veía gente, la calle no era muy grande y los edificios tampoco, era en general un ambiente muy tranquilo para estar en el centro de Madrid, incluso me preguntaba que en mi querida granada habría más ruido a esa hora de la noche.

Después de cenar y como no teníamos mucho más que hacer y estábamos cansados del viaje, mi padre me dijo de acostarnos porque por la mañana tendríamos que madrugar, yo le dije que bueno que lo haría y así hice me lave, hice mi pis y enseguida después de darle un beso fuerte me despedí y me fui a la cama.

Por la mañana siguiente nos levantamos, me pregunto qué tal había dormido yo le dije que bien, aunque no era cierto porque había dormido poco y mal, mi padre roncaba mucho y no me dejaba dormir, yo tenía un sueño muy ligero y a poco que oyera un ruido me despertaba y me cotaba luego mucho volver a coger el sueño, pero bueno le dije que muy bien y que íbamos a hacer hoy, él me dijo que nos acercaríamos por el hospital para ver al médico , vale le conteste, cuando tú quieras nos vamos, y así hicimos, colocamos las cosas en su sitio y dejamos todo arreglado.

Bajamos las escaleras y en el piso primero estaba la dueña con una de sus hijas, allí estuvieron hablando con mi padre un buen rato y ya le dijo que nos íbamos al médico para que me vieran, ellas se despidieron muy atentas, y nos fuimos a la calle. Por el camino parecía que la calle no era igual que el día anterior, seria porque no llevaba nada encima o estuviera menos cansado o fuera de día, pero no me parecía la misma calle.

Fuimos a desayunar en una cafetería que había justo en la esquina se llamaba cafetería LAYKA, entramos saludamos y pedimos para mí le dije a mi padre que quería una, Púlela y una tostada, mi padre se reía porque yo entendía que el batido de chocolate era decir Púlela como la marca de mi granada, pero me dijeron que no había y que, si quería otro batido, yo claro dije que sí y eso fue lo que me pusieron. Una vez que terminamos de desayunar nos fuimos a la calle y en la esquina justo al lado de la misma acera paramos y en la parada de bus nos quedamos, me dijo mi padre que teníamos que coger el número 51 y que nos llevaría al Hospital de San Rafael. Estuvimos esperando más o menos 15 minutos cuando llego el bus de color rojo, había una enorme cola de gente que subía y entramos, no había sitio para mi padre ni para mí por lo que fuimos todo el camino de pie. La gente se amontonaba, y en todas las paradas venga a subir y bajar gente, menos mal que un asiento que había al lado se quedó libre y me senté un rato, mi padre no quiso sentarse y me dijo que lo hiciera yo.

Iba mirando las cosas de la calle, aunque tampoco muy atento porque era muy agobiante la sensación que me producía el autobús, por lo que cuando llegamos al destino y mi padre me dijo que ya estábamos, me entro un gran alivio la llegada.

Una vez en la calle cruzamos la acera de enfrente y al fondo se veía el hospital, recuerdo que era grande y no del todo feo, nos acercamos a recepción y mi padre que llevaba siempre una carterilla en la mano con un montón de papeles saco uno de la cartera, y le dijo al recepcionista que teníamos cita con el doctor Miguel Muruera , el mismo comprobó los datos y nos dijo que teníamos que ir al fondo del pasillo y en la sala de espera que nos sentáramos.

Yo no tenía conciencia de nada iba como el que no quería, pero por otra parte no rechistaba mucho, sabía qué hacía y para que había ido.

En Granada cuando empezó mi enfermedad que aún no se sabe cómo fue, era una escoliosis, o desvió de columna como yo decía, según me dijeron se produjo porque me caí de un columpio cuando tenía unos 8 años de edad aproximadamente, no lo sé, pero sí sé que yo cuando nací estaba bien y no tuve ningún problema con mi columna hasta esa edad aproximadamente, fuera esta u otra causa, a partir de ese momento puedo asegurar que cambiaría mi vida absolutamente, pues a partir de ese momento ya empezaron muchos problemas, yo era muy ingenuo como un niño que era y la verdad es que al principio tampoco tuve mucha sensación de lo que me pasaba. Recuerdo que a partir del momento que empecé con los médicos primero fue en Granada iba a una consulta donde me dijeron que tenía un problema serio con mi espalda. Luego más tarde para que me vieran bien me llevaron al Hospital de San Juan de Dios, que ahora es de San Rafael en Granada, allí estuve durante casi un año entero de mi vida, nunca comprenderé cómo es posible que pudiera estar tanto tiempo en aquel hospital, pero así fue, fueron no obstante días felices porque yo sinceramente no me encontraba al principio mal, más allá de sentir una sensación extraña en mi interior cuando me tocaba la espalda, como si algo estuviera salido o torcido en mi interior. Allí estaba con más niños de mi edad que todos estábamos más o menos en las mismas condiciones había mucha gente que entraba y salía del hospital, mis padres iban todos los días a verme y los recuerdo mucho. Allí según me dijo más tarde mi padre, había un enfermero cuyo nombre no recuerdo que fue el que le dijo a mi padre entonces que si seguía en este hospital no llegaría a los 15 años pues la espalda poco a poco se iría poniendo más torcida y llegaría un momento en que me aprisionaría los pulmones.

Este enfermero cuyo nombre no lo pregunte o si me lo dijeron no recuerdo el nombre solo sé que era un enviado de Dios porque gracias a su buen hacer y su sabio consejo mis padres decidieron que no siguiera más tiempo en este hospital, y que me fuera a Madrid al Hospital donde ahora estoy a ver al doctor Luis Munuera

Las cosas evidentemente cambiaron para un niño de ocho años, como no, no solo cambiaria mi situación personal, supe que desde entonces ya no tendría una vida normal hasta que no me recuperara, de la enfermedad, también sabia y presentía que esto no era una cosa que se recuperara rápido por lo que intuía ya en aquellos años de mi vida que esto me marcaría ya probablemente el resto de mi vida, y ahora claro que sí que me ha cambiado todo desde que tuve ocho años de edad, de tal manera que ya mi espalda y yo somos algo inseparable es algo que de pesadilla paso a formar parte como un compañero de viaje mi columna vertebral, parte del cuerpo que más adoro y que más temo que más miro y que más siento, esa columna que como Hércules coge y arrastra esa columna donde me apoyo y se apoya mi cuerpo ahí columna como te quiero y cuanto hemos pasado juntos desde el inicio de mi vida hasta ahora que aún te sigo queriendo. Las cosas cambiaron mucho porque ya desde ese tiempo no tuve una relación fluida con el colegio, entonces tenía que estar yendo y viniendo continuamente de médicos, perdiendo mucho tiempo, si, por lo que empecé primero a ir a un colegio en Armilla, donde estaba mi madre de maestra y por eso empecé en esos colegios, pero como decía no tenía una relación continua y tal vez por eso estos años de mi vida los recuerdo con bastante vaguedad, es como si no hubiera existido ninguna relación que pueda decir con ningún niño de mi edad, eso sí recuerdo anécdotas que me pasaban cuando jugaba a la pelota con ellos y cosas propias de la edad, pero todo son vagas sensaciones. Recuerdo eso si como se preocupaba mi madre que en este apartado y como era maestra se ocupó mucho de mi educación y que no me descolgara mucho del ritmo de clase de mis compañeros y que pudiera pasar los cursos con las mejores garantías.

Tal vez por eso tuve desde pequeño siempre un espíritu soñador, aventurero y muy dicharachero sobre todo en aquellos tiempos, porque no tenía una vida reglada porque para mí no existía la normalidad, porque cuando empezaba a estudiar o a centrarme en algo, lo tenía que dejar, que distinto era la compañía de mi hermano que parecía tan lejano a mí. Él gracias a Dios tuvo una vida sana o al menos a mí me lo parecía, puede que tuviera algunos achaques aunque normales, pero él tuvo lo que a mí me faltaba una cierta tranquilidad propia de los niños que no pasan enfermedades de larga carrera como yo le llamaba, a mí eso no me incomodaba no, no pienses que yo le tenía ningún tipo de envidia ni nada por el estilo, simplemente Dios había querido que así fuera y yo no entraba ni ahora en más debates, a cada cual que tenga su cruz y que la sepa llevar lo mejor posible, yo solo digo lo que pasaba, pero no entraré a valorar o poco el porqué de las cosas que pasaron y pasaron después durante el resto de mi vida. Solo decir que el estudio en los Padres Escolapios, y que era un chico inteligente o al menos estudiosos, que paso bien sus estudios, y tampoco sinceramente tengo muchos recuerdos del conmigo en aquella época, tal vez después tampoco muchos, pero sobre todo en aquella época tengo pocos recuerdos, puede ser también que yo sea un poco despistado que en eso digo y afirmo con rotundidad lo soy y resulte que tenía a un auténtico hermano, pero no lo recuerdo en ese aspecto, sinceramente.

Si sé que, terminados sus estudios, se marchó a hacer la mili que por aquel tiempo existía fíjate una de las cosas que yo por mi enfermedad no pude hacer y ahora no sé si fue bueno o no lo fue, los más orgullosos de la época recuerdo como mi hermano presumían de haberla hecho porque era cosa de hombres, eso, pero yo como no la hice no puedo decir ni una cosa ni otra solo que no la hice. Pero el si la hizo y se fue a Zaragoza allí paso un año y estuvo según creo muy bien. Después se fue a Londres a estudiar, y más tarde se fue a Chicago donde conoció a su mujer, pero antes estuvo estudiando en Madrid, por esto digo que apenas tuve mucho contacto con él, primero porque yo ya empezaba a estar muchas veces fuera de la casa, y luego él estaba desde muy joven ya de viaje para acá y para allá. Bueno la cosa es que fíjate por donde yo estaba cuando iba con mi padre en la pensión que había en la calle Tomás Bretón como ya dije al principio, y luego según resulta fíjate por donde, en un solar que había al lado de la pensión construyeron una casa, y resulta que esa casa fue la que después mis padres comprarían en el piso 3 derecha, que cosas, pues cuando yo ya termine de tanto paseo por las pensiones de aquí para allá mis padres compraron el piso para que luego mi hermano se fuera a estudiar a Madrid,

Yo nada que decir al respecto, que solo Dios sabe el porqué de las cosas, pero él estuvo siempre acompañado de mi padre que conforme yo ya iba creciendo y dejando los médicos a partir de los 16 años de edad aproximadamente, a partir de entonces mi padre iba mucho con mi hermano a Madrid al piso nuevo y allí lo acompañaba y estaba temporadas no muy largas, pero si continúas, por lo que yo a partir de ese momento estuve más tiempo con mi madre. Mi tía rosa y mi tío Joaquín a los que tanto quiero, eran de la solana y entonces como no todo en aquella época tengo pocos recuerdos, puede ser también que yo sea un poco despistado que en eso digo y afirmo con rotundidad lo soy y resulte que tenía a un auténtico hermano, pero no lo recuerdo en ese aspecto, sinceramente.

Si sé que, terminados sus estudios, se marchó a hacer la mili que por aquel tiempo existía fíjate una de las cosas que yo por mi enfermedad no pude hacer y ahora no sé si fue bueno o no lo fue, los más orgullosos de la época recuerdo como mi hermano presumían de haberla hecho porque era cosa de hombres, eso, pero yo como no la hice no puedo decir ni una cosa ni otra solo que no la hice. Pero el sí la hizo y se fue a Zaragoza allí paso un año y estuvo según creo muy bien. Después se fue a Londres a estudiar, y más tarde se fue a Chicago donde conoció a su mujer, pero antes estuvo estudiando en Madrid, por esto digo que apenas tuve mucho contacto con él, primero porque yo ya empezaba a estar muchas veces fuera de la casa, y luego él estaba desde muy joven ya de viaje para acá y para allá. Bueno la cosa es que fíjate por donde yo estaba cuando iba con mi padre en la pensión que había en la calle Tomás Bretón como ya dije al principio, y luego según resulta fíjate por donde, en un solar que había al lado de la pensión construyeron una casa, y resulta que esa casa fue la que después mis padres comprarían en el piso 3 derecha, que cosas, pues cuando yo ya termine de tanto paseo por las pensiones de aquí para allá mis padres compraron el piso para que luego mi hermano se fuera a estudiar a Madrid,

Yo nada que decir al respecto, que solo Dios sabe el porqué de las cosas, pero él estuvo siempre acompañado de mi padre que conforme yo ya iba creciendo y dejando los médicos a partir de los 16 años de edad aproximadamente, a partir de entonces mi padre iba mucho con mi hermano a Madrid al piso nuevo y allí lo acompañaba y estaba temporadas no muy largas, pero si continúas, por lo que yo a partir de ese momento estuve más tiempo con mi madre. Mi tía rosa y mi tío Joaquín a los que tanto quiero, eran de la solana y entonces como no tenían hijos y pocas ocupaciones en la solana pues mi tío ya estaba jubilado como guardia civil y mi tía rosa era ama de casa, decidieron ambos marchar a Madrid, y cuidar a mi hermano, para que no estuviera solo.

Creo que ya he hablado mucho de él por lo que recuerdo, que termino bien sus estudios y después como ya dije se fue a Chicago donde conoció a su mujer vinieron después de un año más o menos para España, desde entonces ya están los dos allí en Madrid, y con dos hijos que tienen Antonio y Manuel. Después en otras líneas de este cuento seguiré me imagino hablando y comentando más cosas de ellos

Contemplaba el camino de vuelta nuevamente a mi tierra a mi Granada, había dejado la gran ciudad por el momento en este primer viaje que me llevo a ver un poco el inicio de lo que luego se repetiría muchas veces, no había sido tan malo como pensaba de momento, solo había tenido tiempo en este prime pensaba de momento, solo había tenido tiempo en este primer viaje de ver alguna alrededores de la estación, el paseo de delicias con sus enormes casas y grandes aceras, esto fue una de las cosas que más me llamo la atención, como eran tan grandes las aceras de la calle o paseo, por los dos lados había mucha distancia y la calle era enorme, estaba acostumbrado a las calles de mi granada que eran mucho más estrechas. Atrás quedo también la pensión donde dormimos apenas dos noches, y todo el ajetreo de idas y venidas en autobús y andando hacia el hospital donde me vieron por primera vez, allí ya con todos los papeles que llevaba mi padre de granada del hospital de san juan de dios donde estuve un año antes, y las pruebas que me hicieron durante esos dos días, me diagnosticaron que tenía escoliosis dorsal, como si mi columna vertebral por dentro estuviera hecha un enorme embudo que circulaba de un lado para otro del interior de mi cuerpo, haciendo doble ese, y que no sé por qué motivos se había puesto de esta forma, aunque pudiera ser por alguna caída lo cual para mí fue desconcertante porque nunca pude pensar que la posible caída del columpio que tuve generara en una cosa tan gorda, la cosa era que me encontraba de esta forma, y que sería necesario en el plazo de unas semanas volver nuevamente a Madrid para que me hicieran más pruebas y decidir qué tipo de tratamiento me darían porque así no podía seguir.

Volví con mi padre en el tren el mismo que ya cogimos a la ida y ahora eso si iba más contento que en la ida porque volvía a granada, y allí me esperaba mi casa, mis amigos todo mi mundo de un niño de 8 años


Fin


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