viernes, 29 de enero de 2021

La Adoración Eucarística perpetua. Puerta al cielo




 La Adoración Eucarística perpetua. Puerta al cielo 

 

 Cartas a un hermano sacerdote 

 inicio día primero (en total son 30 días) 

 8 diciembre 2020 día de la Inmaculada Concepción de María 

 

Dichosos los que no han visto y han creído. Fiesta de Santo Tomás, Apóstol 3 de julio de 1993 

 

 Querido padre Tomás., 

! feliz día de fiesta! 

 

 Algo muy gracioso me sucedió hace un par de años. Estaba pensando en ello cuando decidí escribirte. Lo que pasó fue que el padre Martín Lucía y yo fuimos juntos a un retiro espiritual. Como yo tenía un resfriado muy fuerte y no paraba de toser, el padre Martín me sugirió que tomara un trago de coñac para que me ayudara a dormir. No había llevado despertador y estaba preocupado, ya que si tomaba el trago no iba a poder levantarme a las 3 de la madrugada para mí hora Santa con el señor en el Santísimo sacramento. 

 El padre Martín me aseguró que Dios iba a encontrar la forma de despertarme, así que tome el coñac. !!Pum!! a las 3 hoy un fuerte golpe seguido de otros en la puerta. Esperando ver al padre Lucía, cuando abrí la puerta me quedé muy sorprendido al mirar hacia abajo y ver a un perro en su lugar. El perro había entrado en la casa, subió la escalera, se había puesto de espaldas a la puerta y con la cola la golpeaba hasta que me levanté a abrirla. A la mañana siguiente me enteré de que el perro nunca entraba en casa punto y aparte estoy sentado aquí pensando para mis adentros, si Dios puedo utilizar un perro para llevarme a mí Hora Santa no podría usarme a mí, querido Tomás, para acercarme más al Santísimo sacramento. Quiero seguir escribiéndote, tecleando mi máquina de escribir tan fuerte como el perro golpeado a mi puerta, hasta aquí por gracia de Dios empieces a hacer una hora Santa cada día y tengas adoración perpetua en tu parroquia. 

 Es sólo cuestión de fe en que el Santísimo sacramento realmente la persona de Jesús, aquí con nosotros, en este mismo lugar y en este mismo momento. Si no veo en tus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en tu costado no creeré Juan 20 25. Por esta razón se le llama Tomás el incrédulo ¿quién es soy Tomás el incrédulo? la gente cree en la resurrección, pero saben dónde Mora el señor resucitado hoy Tomás el incrédulo es aquel que no cree que el Santísimo sacramento es Jesús nuestro Salvador resucitado con todo el poder de su resurrección que derrama gracias abundantes sobre todos aquellos que se acercan a su divina presencia. Muchos dirán que sí creen en la presencia real. Pero la fe es mucho más que una aprobación intelectual. La creencia es inseparable del comportamiento. Si creemos que Jesús está presente en el Santísimo sacramento, entonces no comportamos de acuerdo a nuestras creencias punto vamos a él coma nos acercamos a él, confesamos hacia el corremos hacia Él. San Pablo dice la fe es garantía de lo que se espera punto y aparte la prueba de las realidades que no se ven. Si pudieras ver a Jesús en el Santísimo sacramento, Tomás, no reservarías UNA hora todos los días para estar con él. Si pudieras verlo como realmente eres, no tendría esa duración perpetua en tu parroquia. Sería imposible detenerlo, porque el mundo entero vendría a día y noche a verlo y estar con ÉL. Imagínate lo que sucedería si Jesús hiciera visible en el Santísimo sacramento. Todo el mundo querría tomar el primer vuelo hacia Filipinas para ir a tu parroquia. Y no le diría Jesús a cada uno lo que le dijo al apóstol Tomás lo que le dijo el apóstol Tomás porque me has visto has creído.  Dichosos los que no han visto y han creído  

En el Evangelio de hoy, Jesús se aparece a Tomas para que pueda creer que Cristo ha resucitado. La maravilla más grande de su amor es que él no se aparece a ti como a mi querido amigo. En lugar de esto, Jesús te espera en el Santísimo sacramento. Él quiere que vayas a él por la fe, para que por toda la eternidad te pueda llamar dichoso. Su amor es demasiado grande para decir acerca aquí tu dedo y mira mis manos, trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente Debes creer y el Santísimo sacramento es el mismo que dijo estas palabras a Tomás, el mismo Jesús que atravesó la puerta cerrada y que se presentó en medio de los apóstoles y le dijo la paz esté con vosotros. Esta es la paz que Jesús quiere que tengas en sus horas santas. La experiencia de esta paz es mucho mejor que si Jesús te mostrará sus llagas, sus llagas en el Santísimo sacramento ya no son horribles. Sus llagas son ahora la belleza del paraíso. Estas llagas brillan más gloriosamente que el sol. Estas llagas son fuertes de gracia. Jesús quiere darte la plenitud de estas gracias, por venir a él por la fe. Por eso es mucho mejor que él no te muestre sus llagas visibles como apóstol Tomás, porque él quiere derramar sobre ti las gracias invisibles de estas llegas con todo el mérito, toda la gloria, la belleza y el amor salvífico que emanan de ellas. Con cada hora Santa que hagas, le estás diciendo a Jesús señor mío y Dios mío Juan 2028. 

 Y cada vez él te dice Dichoso eres, Tomas porque no has visto y has creído”.


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