jueves, 28 de enero de 2021

Homenaje

 

"-El Cristo de Granada 

En la noche, con guirnaldas de la luz, en la sombra adornada de farolas, se pasea la imagen de Jesús por un monte granado de amapolas. Se oye el eco de dos ríos siempre avisos, subsumidos, bajo tierra, en son constante, el murmullo de la gente y más callantes las hogueras que crepitan con delirio. Se pasea la mirada de Jesús, el perfil de su alma arrebatada, la silueta de su imagen traspasada, sobre el monte que ha cargado con su Cruz. Que la mira Cristo y Granada crece, ya no es solo la belleza lo que canta que es el Amor profundo el que levanta la verdadera paz que la estremece. El silencio rodado de Jesús ha dejado en Granada un suave viento, perfumado de retamas de su aliento, y en las sombras de la noche solo una Cruz.

 Dale limosna, Granada Una canción regalada de una guitarra rasgada, el corredor de tu agua en arcos solemnizada, algún limón para llorar al beberte y el frescor que de la Alhambra viene dominador, la luna también te pido para mis noches morenas, algo de la alquimia mágica que embadurna a las parejas, y el corazón de rubís

Granada. No te pido nada más, que el mucho pedir ofende, algún perdido rincón en donde yo pueda verte.

Me gustas Me gusta contemplar la paloma en la fuente, el pájaro que huye, los límites del mal, me gusta arribar a lugares con sombras y ver la luz que inunda la tierra sin parar; me gusta estar sentado tan solo en la ribera cuando los árboles vuelan, de pronto, sin volar, me gusta ser veraz sin palabras siquiera porque toda palabra es menos que verdad; me gusta oír los ruidos de las aguas que suenan, que bajan torrentosas con clámides de mar; me gusta estar soñando, a media vela siempre, y seguir ese sueño sin querer despertar; me gusta estar contigo y ponerme más cerca, y que plácidamente ocupes mi lugar, me gusta el calor que unes a mi cuerpo, que juntemos los rostros y el beso que me das, me gusta que ese beso no sea un cuento hermoso, sino lo más profundo de tu hervoroso amar. ¡Me gusta, cómo me gustas, lo que me gusta más! Poema a un hombre, ahora que le atacan Un hombre, al fin, tan rudo de modales, tan pronto en el requiebro y en la voz, alzando con sus manos el aire también duro, miradas de diamante, bajuras de tenor, mi hombre, teñido por la hombría, por la palabra justa y por el desamor, con su pecho cubierto de su osada manía de hacer temblar las rosas tan llenas de pudor, con brazos poderosos y poderosa frente, voluntad de hierro, de prontos, de pavor, seguro que mancilla lo femenino al diente que en ablandecida antes manan alrededor, hombre, desde que fue un niño, machote por los riscos de la mariquita amor, con pecho de un arcángel y recta su manía, pureza de los montes, de lo viril clamor. Cuando duele amar Se me suelta un poema que viene sin palabras, que no sabe lo que dice ni qué decir, que habla porque habla, que solo piensa en ti; se me suelta un poema a modo de mis lágrimas, como el llanto y la pena no sabe decir, en el cuerpo me duele y en el alma, que solo piensa en ti; se me suelta un poema que es una plegaria que digo entre dientes, sin decir, la rutina del cuerpo que desgrana palabras, que solo piensa en ti; se me suelta un poema dotado de la gracia, que baila con la música, es un decir, y olvida que no olvida, que solo piensa en ti. Llamadme con rocío Cuando la doblada camisa se hunda en el armario llamadme con un nombre repleto de rocío, como una calle húmeda con su olor de otoño, traed canastos llenos de piedras muy mojadas y habladme con los musgos y rayos insonoros; traedme un cuadro roto, plegado de lisuras, y los periódicos viejos ¡con sus noticias nuevas!, para que toque el hombro de la ciudad que amé, podréis decir su nombre sin que me hagáis llorar. El verdadero amor nunca nació en nosotros, ni habló nuestro lenguaje, sino el contrario, no nos sonrió, ni se gustó mirándonos, no fue río, ni mar."

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